lunes, 4 de noviembre de 2013

La playa II.

Si, definitivamente me había enamorado...

Ahora me pasaba todos los días en la terraza, mirando a la playa, esperando que su figura apareciese por el horizonte. Mas de siete días sentado, esperando, describiéndola en hojas que luego tiraba al mar, esperando que alguna se la llevase el viento y llegara hasta su ventana, la leyese y viniese a verme. Que supiese que la había empezado a amar con la primera palabra que salio de sus labios. Pero ella no venia, siete días esperándola, siete eternos días.

Fui al pueblo pasada una semana, no podía seguir en ese estado de ostracismo, encerrado en casa, esperando un sueño que en mi mente no se borraría nunca.
¿Quien era? No sabia ni su nombre, no sabia nada de ella, y si embargo había ido allí, con la excusa de buscar algo que no necesitaba, por intentar indagar un poco y saber quien era.
¿Sera de aquí? Seguro que si, no había sitios habitados en mas de 20 km. Tenia que ser del pueblo.

Entre en la cafetería. Estaba casi vacía, salvo por un cliente que se ocultaba tras un periódico, al final de la barra.

- Cuanto tiempo escritor ¿que le ha hecho volver a aparecer por el pueblo después de tanto? Hacia mas de una semana que no se sabia nada de usted.

- Quería despejarme un poco, ya sabe. Tomar un poco el aire, un aire que no sepa tanto a sal.

- Claro... ¿Un café?

- Si, si, por favor.

Me trajo un café que podía haber venido directamente del infierno. La taza estaba roja del calor que desprendía. Jugué con los azucarillos un rato, removiendo con la cuchara el magma que me habían servido.
Miraba a la gente distraído pasando en frente de la ventana. Intentando imaginarme sus vidas, trazando las lineas de sus historias en mi mente, pero en mi mente solo la buscaba a ella, en cada rostro de cualquier chica que pasara por mi campo de visión.
Tenia que aparecer, no podía estar en otro sitio, y era de rigor pasar por aquella plaza, era el punto intermedio para cualquier destino.

Pasé  mas de una hora así, el café frío, sin sabor, con mas azúcar que liquido.

"¿Quien era? "... No paraba de rondarme la misma pregunta, su cara empapada por la lluvia sonriéndome, susurrándome que la buscase.

¿Habría sido todo un sueño, un sueño de verdad? No, era imposible.
Había ocurrido, ella había sido real. ¿Entonces donde estaba?... ¿Quien era?

Pasadas dos horas, el camarero me miraba con extrañeza. La taza seguía intacta. Había pasado de magma volcánico a un tempano de hielo.

Al fondo de la calle, la vi pasar. Era ella, iba con una amiga suya. Esa sonrisa, ese pelo, esos ojos...si, esos ojos. ¡ERA ELLA!. Salí corriendo de la cafetería, pero en esa décima de segundo, ella había desaparecido, ya no se donde estaba. Intente recrear su imagen y buscar la calle por la que se había ido. Fui en su ruta, buscándola entre la gente que me saludaba amable y la que me miraba raro, preguntándose que hacia con tanta prisa por allí. Al fondo la veía, caminaba con una falda azul, una camiseta blanca y un pañuelo al cuello. Al doblar la esquina la vi. Por un momento pensé que seguiría, pero se dio cuenta de mi presencia y se dio la vuelta. Me miro con sorpresa, como riéndose de eso mismo, de la sorpresa. Intente decir algo, pero justo en ese momento paso un furgón delante mía, quitandola de mi vista. Ella había desaparecido, se había esfumado, ella y su amiga ya no estaban.

- ¿Quien eres ?... le susurre al viento, intentando que le llevase el mensaje a ella, que viniese y me diese un abrazo, un beso como aquel día.
Me estaba volviendo loco. Loco por ella, por no verla.

¿Quien era? ¿Estaba perdiendo la cordura? ¿Estaba ella jugando conmigo?...