martes, 27 de noviembre de 2012
Solo quería un té (II).
Habían pasado cuatro meses. No la había encontrado ni el Miércoles aquel, ni todos los Martes de las semanas siguientes. Era como si hubiese desaparecido de la ciudad. Chicago se la había tragado. ¿Y que coño hace un chico de 18 años cuando pierde al amor de su vida? Exacto, se busca a la opción mas fácil esa chica que estuvo tras tuya durante tanto tiempo y que con chasquear los dedos, sabes que estará ahí. Es triste, lo se, a nadie nos gusta que nos utilicen, pero cuando de verdad has querido a una persona y esta se va, no dudas en dañar a terceros para sanarte tu. Regla de oro amigos, si una persona que ha estado obviandote durante días, semanas o meses, de repente llama a tu puerta, es que la han abandonado.
Mi nueva novia en concreto se llamaba Valentine. Era el típico patito feo, de el pelo rizado, color pajizo, unos ojos verdes esmeralda, preciosos, todo hay que decirlo. Era un cielo, y en esos últimos cuatro meses me había conseguido tapar el agujero de Michelle. Yo seguía trabajando en el mismo café de Martin, en St. Lawrence. La misma gente, el mismo jefe, las mismas propinas, la misma mierda...
Valentine venia a verme cada martes al salir de su trabajo, que irónica es la puta vida. Yo hacia feliz a mi chica, ella hacia que yo no estuviese mal, en fin... mi vida funcionaba. La primavera estaba ya a la vuelta de la esquina, golpeándome con la maldita alergia. Y como no, la vida no deja de traerte sorpresas nunca.
El martes 20 de Marzo estaba sentado en la mesa mas alejada, junto a la ventana, con Valentine. Estábamos compartiendo nuestras anécdotas de como nos había ido el día, alguna risa se nos perdía y yo lo veía en ella, que estaba enamorada de mi. Me sentía como un hijo de puta cuando veía eso en sus ojos, pero siempre me consolaba pensando que quizás con el tiempo la llegaría a amar tanto como ella a mi. Que iluso soy, coño.
Estaba ella hablando, contándome una historia de un tal George de su trabajo que le había propuesto una cita, cuando sonó la campanilla del café, esa maldita campanilla.
Gire un poco la cabeza y vi una pareja entrando. El, un rubio, alto, lleno de horas y horas de gimnasio, con un aire muy ingles. Y ella tenia la cara medio tapada con la bufanda, pero tenia esos ojos azules oscuros, como un océano basto ante ti. Había soñado tantos días con esos ojos, que los reconocería entre cualquier multitud.
- Kevin ¿me estas escuchando? - Me habría quedado con tal cara de idiota, que claramente Valentine se dio cuenta de que no le estaba prestando atención.- Si quieres paro de hablar, se te ve muy... interesado en otras cosas.
- No no, lo siento Val, sigue... Estaba pendiente a ver si Martin sirve a los que han entrado, o tengo que ir yo. - Excusas baratas, soy experto.
Por lo general, Martin tenia la radio puesta en la emisora latina, el decía que le daba mas ambiente al café Sonaba una canción en castellano. La había escuchado mas veces, y no precisamente era la mas idónea para el momento. Los compases de "tarde" iban poniéndome cada vez mas nervioso al ver que Martin no atendía a la pareja. Tendría que ir yo.
- Discúlpame un momento cielo, voy a hacer mi trabajo... - Maldito Martin - Enseguida vuelvo.
"Justamente ahora, irrumpes en mi vida, con tu cuerpo exacto, y ojos de asesina...." Y maldita canción. Me la había aprendido. Pese a que mi nivel de castellano era lo mas llano posible. Uno, dos y tres pasos, voy con la libreta preparada, y llego a la mesa de la pareja.
- Hola, buenas tardes. ¿Que desean tomar? - Evitaba mirar a la joven, tenia miedo de verla de frente, de temer que de verdad fuera ella.
- Pues yo quiero... - el chico miraba la carta buscando y buscando, y joder, que lento buscaba. Por cierto, si, era ingles, afeminado, muy afeminado. - un café solo, por favor. ¿Y tu cariño, que quieres?
"Tu ibas con el, yo iba con ella, jugando a ser felices por desesperados..." cantaban a dúo los artistas.
- Yo... yo solo quiero un te.
Esa voz... Te lo podrás imaginar, si, era ella. Era Michelle, otra vez, después de cuatro meses, volvía un Martes. No podía ser casualidad, Había mas de mil cafés en todo Chicago, y ella estaba ahí, sentada con ese... sucedáneo de hombre. La mire, pero ella bajo la cabeza, evitando que nuestras miradas se encontrasen. Sentía que poco a poco algo se me iba rompiendo por dentro.
- Si... En seguida se lo traigo. - Puse todo mi orgullo en mis cuerdas vocales, intentado parecer yo el que hubiese olvidado su rostro y su voz, sus ojos...
"Tanto soñarte y extrañarte sin tenerte, tanto inventarte, tanto buscarte por las calles como loca, sin encontrarte" Joder Martin no podía apagar la puta radio no, tenia que sonar su jodido ambiente en ese momento.
Me fui directo a la barra, sin girar la cabeza, ni a la pareja, ni a Val, que sabia que me estaba mirando. Joder, soy mas transparente que el agua, y sabia que apenas me sentara con ella me preguntaría porque había reaccionado así. Adiós fachada, un beso de mis partes...
Empece a preparar el café con muchas ganas para el afeminado, y el te. Coloque la servilleta como siempre se la colocaba, tapando las frases que nos escribíamos Pero en esta servilleta no había frase, bueno si, una " Café Martin ", todo romanticismo.
" Y ahí va uno de tonto, por desesperado, confundiendo amor con compañía .." Iba a romper la puta radio en cuanto nadie mirase.
Venga, otra vez. Uno, dos y tres pasos... El mismo camino de siempre, la misma tortura, pero esta vez terminada en un fondo con la bandera del Reino Unido. Me planto junto a la mesa, y les sirvo su café y su te a cada uno. Sin mirarla, sin hablar. Da igual que no dejen propina, por 2 dolares no me voy a comprar una mansión en Miami Beach.
"Ganas de huir, de no verte ni la sombra, de pensar si esto fue un sueño, o una pesadilla, que nunca apareciste...". Primera frase que de verdad valía la pena de toda la canción Una sonrisa pasa por mi rostro, mirando a Val, para calmarla, para que dejara de mirarme con esa cara de suspicacia.
Pasado un buen rato, Val termina sus historias, y me dice que se tiene que marchar. No pasa nada, así podre descansar un poco de sus cuentos. Me dolía muchísimo la cabeza. Y si, la radio no volvió a sonar mas en toda la tarde, me asegure personalmente de ello. Pero Michelle seguía allí. De vez en cuando notaba que me miraba. Sentía sus ojos azules clavados en mi nuca, mirando a la barra. Pero solo le escuchaba a el, por encima de el resto, con ese acento remilgado. Todos los del Reino Unido me parecían unos mariquitas la verdad. Entonces el levanta, y se va al servicio.
- ¿Puedes recoger lo de la mesa, por favor? Y llévanos unas galletas. - Hostias de Iglesia, eso es lo que le iba a poner en el plato. Le veo cerrar la puerta del pasillo de los servicios. Yo tenia que hacer mi trabajo, ya que Martin no movía ni un dedo.
Mismo camino, mismo todo.... no te lo repetiré ochenta veces. Cuando empiezo a recoger las cosas, noto su mano sobre la mía Me esta mirando, me esta agarrando la mano. La miro, y veo una lagrima solitaria recorriendo su rostro, hasta caer sobre la mesa, perdiéndose en el mantel. Me quede paralizado, no sabia que hacer. Por Dios, había pasado cuatro meses buscándola había soñado con esos ojos, había visto esa sonrisa en mil mujeres. Estaba jugando con otra persona por ella. Y ahora la tenia ahí, cogiéndome de la mano, llorándome .. "¿Porque tuviste que escribirle aquella nota, payaso?" es todo lo que pienso. Joder, se que la quiero aun pero que hago... ¿dejo todo, dejo a Val por ella? ¿Y su inglés? Volvería dentro de nada y vería al camarero cogido de la mano con su chica. Debía de pensar rápido. Pero estaba bloqueado.
- Te quiero....
Su voz salio susurrándome dos palabras, dos putas palabras que cambiaron todo mi mundo. Yo también la quería la había querido desde el momento que entro con sus amigas hace mas de un año. La había querido durante todos los días que nos escribíamos por simples servilletas. La quería tanto que necesite jugar con otra para olvidara. La reconocí apenas entro con el, después de cuatro meses.
Me moría de ganas de acercarme a ella y golpearla con un beso, de llevármela de allí de irnos, sin dañar a nadie. Sin dañar a terceros. Sentía que la necesitaba pero no podía moverme. El miedo a que se marchase, a que solo hubiese sido eso, un sueño o una pesadilla (maldita canción) y que me despertase, sin ella, otra vez.
La levante de la silla. Después de mas de un año queriéndola necesitandola, la tenia delante mía Se que esto suena de película pero era como si el jodido tiempo se hubiese detenido. Sabia que en el pasillo de los servicios estaba el mirando, sabia que Martin estaba sonriendo en la barra, sabia que eramos el centro de todas las miradas, pero me daba igual. La abrace con todas mis fuerzas, evitando que se evaporara o algo por el estilo. Ella me correspondía Era tan feliz... Le aparte un mechón de pelo su negro pelo de la cara y la mire a los ojos, a su oscuro mar, y le repetí lo mismo que el día que la conocí hace mas de un año, cuando ella era una chiquilla que había salido del colegio con sus amigas, no se que ángel o demonio me ilumino, pero solo fui capaz de decirla "¿Donde te habías metido todo este tiempo, chica de mis sueños?"... Y la bese.
Enamorarse duele, y cuando crees que no te va a doler, te vas a dar de bruces contra el muro, y vas a notar que sangras por la nariz del golpe. Enamorarse duele, y si, a veces hay finales felices, porque no, coño. No todo el amor se lo ha quedado el cine. Duele cuando esa persona se va, duele cuando regresa, cuando ya te hiciste a la idea de que la perdiste, pero en toda oscuridad hay una luz. Y ella ha sido desde ese 20 de Marzo mi luz. Hoy después de mas de 10 años, tirado en esta cama, la tengo aquí al lado mio, durmiendo, tan dulce como la chiquilla que conocí con bufanda y gorro. No me queda mucho tiempo, pronto se despertara, me mirara con sus ojos azules, con su pelo negro despeinado. El día que leas esto, seas quien seas, recuerdalo, el amor duele... pero merece la pena.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Camina.
[Escucha
como la sangre camina seca por mis venas, de la mano y abrazada de mis penas..
] Y así, el diario de Kevin, acababa, jamás imaginé que me sentiría tan
identificado con lo que por la mente de
un completo desconocido pasó, de un desconocido que estuvo enamorado y perdió, supongo que la muerte y
el amor nos igualó, supongo que su historia fue tan triste como la mía, y que
sin quererlo, cada día la sonreía. Hay gente que vive y sobrevive en esta
ciudad, hay gente que muere en soledad, y hay gente que construye su vida sobre
una falsa verdad, no importa como lo intente, todo seguirá igual, jamás
cambiare y lo sé, pero no olvidaré ese 22 de febrero, ni esos ojos color miel,
de los que me enamoré.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Solo quería un té.
¿Si tuvieras que contar la primera vez que te enamoraste, como empezarías?
Muchas veces el amor duele, y otras muchas, duele incluso mas de lo que no nos quieren vender las películas de Hollywood. Te preguntaras quien soy yo, para decirte todo esto, si ni me conoces ¿verdad?. Me llamo Kevin, un tipo cualquiera, uno mas en esta ciudad. Soy de Chicago, nací y crecí entre todas las ratas de esta ciudad. Que bello es el sueño americano, cuando no eres de América... Y no es mentira.
Chicago encarna lo peor y lo mejor de mi vida, desde mis años en el Colegio St. James y la universidad Roosvelt, hasta ahora. Con 30 años no he conseguido nada en mi vida. Soy escritor, actor y hasta camarero fracasado. Pero si te escribo esto es para contarte el mejor error de mi vida, enamorarme.
Todos lo pintan como si fuese lo mas bonito del mundo, yo lo pienso como la efervescencia hormonal adolescente. Si, muy bien, ya acabamos de desvelar el primer detalle, era un adolescente alocado de 18 años. Ella tenia 16 años cuando la conocí. Tarde dos años en poder atreverme a decirle que la quería ¿absurdo verdad? Lo se, no contestes.
Bueno.... Yo trabajaba en el café de Martin, en St. Lawrence, cerca de mi casa. Estaba como un camarero mas, viendo pasar el tiempo entre mujeres y hombres que se dejaban la calderilla por propina. Tenia el gran sueño de llegar a ser actor de teatro, triunfar por todo el país como uno de los divos que salían por la tele. Os lo he dicho "joven alocado" ¿Que esperabais un cuento de amor y superación perdidos en la luna de París Mejor continuo...
Había estado varios años estudiando artes escénicas había sacado con buenas notas todos mis cursos y era el mejor ejemplo de "alumno modelo". Pero todo eso no sirve en la calle. Llena de cazatalentos y de tipos que si no reciben un beso en sus nalgas apretadas en un traje de Armani, jamas te darán un papel ni para limpiarte. Que día fue el que la conocí, que bendito día se presento en el café...
Sonó la campanilla, y un grupo de chicas entro por la puerta, cubiertas por sus bufandas y sus gorros de lana al mas puro estilo de Nueva York, resguardándose del frió de otoño que se empezaba a colar en la ciudad todas ataviadas con su mochila. No tendrían mas de 18 años, ni si quiera rozarían esa edad mas de una. Nada especial, un grupo de chicas que vienen a tomar algo después de clases. Solían venir muchos grupos así.
Podría explicarte como era cada una, pero tardaría una eternidad, y no me queda mucho tiempo.
Me acerque a la mesa para tomarles nota, como un buen camarero, claramente.
- Hola, bienvenidas ¿Que van a tomar?
Me miran de arriba abajo todas, o casi todas... Muy típico.
- Pues yo quiero un chocolate caliente - me dijo la rubia de la esquina con sequedad - ¿vosotras chicas?
- Yo y Halle queremos otro.
- Pues son 3 chocolates.... ¿Tu que quieres Michelle?
Justo en ese momento, giro la cabeza, atento a las peticiones de la ultima del grupo, la mas rezagada. Ojos azules, oscuros, como si fueran un océano El pelo negro le caía por los hombros, largo y liso, haciendo que el tono de su piel blanca se notase mas aun. Había algo en ella que me dejo embobado.
- ¿Oye, escuchas? Tres chocolates y un te... - Me mira divertida la chica rubia, a la vez que sus otras dos amigas se ríen de mi. Mi cara debió de ser estúpida para dar esa reacción en ella. En cambio, la otra estaba roja, intentando reir como sus amigas sin esconder su vergüenza.
- Si si, en seguida se lo traigo.
Me marche todo lo rápido que pude de ahí. Que estúpido era... Pero esa chica, esa en concreto, me había dejado como un completo imbécil delante de sus amigas, y sin siquiera hablar. Tenia tantas ganas de conocerla...
Prepare los chocolates, escuchando los murmullos y las risas del grupo de adolescentes tras mía, sabiendo que algún comentario o mirada llevaban mi nombre. Y una idea alocada, típicas de la edad, ya sabes, me cruzo la mente... "Venga, anímate campeón, si total, no la veras mas en tu vida".
Cogí la servilleta que iba con su te, y con el boli puse, quizás la mayor idiotez que se me pudo ocurrir en el momento: "¿Donde te habías metido todo este tiempo, chica de mis sueños?". Lo se, soy empalagoso, pero que quieres que te diga, soy de los románticos que piensa que la cartera no conquista a una mujer.
Coloque perfectamente el plato, la taza y la servilleta, para que solo ella lo pudiese ver cuando levantase la taza. La suerte estaba echada, solo quedaba el corto camino de la barra a la mesa donde ellas estaban sentadas.
Un paso, otro paso, y otro... ¿De verdad era tan corto el camino? Sentía que me iba a caer. Que ridículo y bonito seria todo. Yo volando con tres chocolates y un te por los aires del café y ellas riéndose de mi con todo el establecimiento.
- Aquí tienen señoritas. - Coloque mi mejor sonrisa, y con toda tranquilidad fui colocando cada taza en el sitio de su respectiva dueña.
Me fui rápido a la barra, sin mirar si ella ya lo habría visto. Empiezo a preparar un café para un tipo sentado en la barra, de espaldas a ellas. Ni una sola risa, la cosa iba bien. Minutos eternos de silencio en los que solo hablaban de lo que había pasado en su instituto. Los nervios me estaban matando completamente. Pasado una media hora, ella no había dado ninguna señal de haber visto nada. Pase como quien no quería por al lado suya y recogiendo las tazas usadas de dos de sus amigas, vi que la servilleta no estaba. Pero ella no me miraba. No entendía nada. Había hecho el ridículo seguro. Al salir seguro que se lo contaría a sus amigas. Que vergüenza...
Unos diez minutos después se levantaron y se marcharon, dejando un par de dolares de propina. Apesumbrado, voy a recoger los restos que habían dejado. Tras recoger todo, mientras tiraba en la basura todo, iba pensando como podía ser tan estúpido Juro que si hubiese sabido lo que aquel simple mensaje, ese martes, me hubiese quedado quieto, hubiese cambiado de trabajo y de ciudad si hiciese falta.
Paso una semana, cada día era una oda a la rutina, un canto al tedio y el abandono de la diversión Al martes siguiente, mientras limpiaba la barra. suena de nuevo la campanilla de la puerta. Me giro un poco, no vaya a ser que me fuesen a atracar y me pillen de espaldas, para nada, para nada. Una chica vestida con un sencillo gorro, una bufanda negra, entra, una chaqueta medio abierta, con los libros en la mano. Una mas de todas las chicas que salen del colegio, nada nuevo.
Voy a por mi libreta y voy a tomarle nota.
Y si, era ella, esta vez sola... Su pelo negro, su flequillo tapándole un poco los ojos color azul oscuro, como el mar, si... Otra vez ella. Me sonríe, algo avergonzada.
- Ho...hola - Este soy yo, entrecortado, haciendo el payaso, delante de una chica - ¿pe tieres cara bomar?
- ¿Que? ¿Perdona? - me dice con una sonrisa, riéndose de mi, claramente...
- Perdona... que... ¿que quieres tomar? - Venga, a la decimotercera va la vencida.
- Un te, por favor.
- En seguida - Mi mejor sonrisa no hacia mas que ponerme nervioso si cabe.
Se paso ahí toda la tarde, yo evite enviarle ningún mensaje, y claramente no podía pararme a hablar con ella con mi jefe mirándome Cuando se levanta, me mira y sonríe con la mano se despide de mi. Era preciosa joder, era tan preciosa... Y yo un imbécil gracias por pensarlo. Me fui a recoger sus cosas, algo triste la verdad. La taza, el plato la servilleta...
Cuando fue a tirarla a la basura, vi algo azul que me hizo fijarme un poco mas: "Me llamo Michelle, y no soy un sueño"
Todos los martes, todos y todos los martes, repito, todos... estaba ella ahí en la misma mesa, en el mismo lugar, a la misma hora.
Durante muchos meses nos intercambiamos mensajes graciosos, hablando una frase por martes cada uno. Era todo tan romántico que hasta me sentía estúpido por no atreverme a pedirle ni su numero, ni una cita. Pero cada martes, cada frase, la guardaba como el oro. Aunque parezca triste, e increíble así paso un año entero. Yo enamorándome de ella, ella viniendo cada martes de cada semana a escribirse frases conmigo, a veces románticas a veces un simple: "Cuéntame que tal te ira esta semana".
Todo era tan bonito, íbamos a cumplir nuestro primer aniversario y no nos habíamos visto fuera del café ni un solo día Estaba pletórico Pero como os lo he dicho al principio, el amor duele, duele mucho, y si crees que no duele, es porque te va a doler mas aun, por idiota.
El martes 20 de Noviembre se fue la magia, bueno, la magia y ella. Juro que ese día por fin la iba a decir algo, juro que por fin la iba a decir que la quería, que cada martes era lo único que salvaba mi rutina, lo juro pero...
De la noche a la mañana, de martes a martes, adiós No apareció mas. Mi chica morena, de ojos azules, de voz dulce, de letra curva. Maldita sea... ¿Y ahora que? El Miércoles me lo pedí libre, necesitaba buscarla. Algo sabia de ella por todas las cosas que compartimos, si, si, que compartimos, por frases... Necesitaba encontrarla. La quería coño, la quería...
¿Pero quien me iba a preparar para todo lo que venia cuando por fin la encontré ... Enamorarse duele, pero es lo mejor que te puede pasar en la vida. Pero doler duele...
[continuará]
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Lejos del lamento.
Andando por
las calles, resucita su memoria, se fija en ese banco, un banco ,que, a primera
vista no tiene nada especial y es
verdad, ese banco es como cualquier
otro, de madera y hierro, igual de frío que todos los demás que se extienden
hasta la estación, igual de roto, tan roto como su corazón. Se da cuenta que
ese banco, en parte, es como ella, no tenía nada especial a primera vista, y
tal vez fuera como todas las chicas de su calle, de su barrio, pero algo tenía especial,
que a primera vista no podía explicar. Se da cuenta que darse cuenta de las
cosas tarde no siempre es suficiente ni es consuelo.. Da media vuelta y corre.
El cielo gris, truena y se abre, y la lluvia le baña, eso solo le recuerda esas
tardes abrazado a ella, mientras miraban por la ventana la lluvia y se
apretaban, sintiendo el ritmo de sus latidos, tanto no se puede dejar atrás,
sigue corriendo sin importar la lluvia y la opinión ajena, solo corre, porque
nunca es tarde.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Siempre arriba.
Jamas me podrás decir que después de caer no me levante. Jamas me pondrán decir que el dolor me hizo tan fuerte que solo siento pena ya por quien me intento dañar. Jamas podrán decir que no dedique un segundo de mi vida a olvidarme de todo aquello que un día me hizo sufrir. Jamas me podrán decir que no di todo por los que todo dieron por mi, y por los que no, también. Que no me digan que yo no me entregue a los míos y por los míos Que no me señale ese dedo acusador que yo no luche en batallas que no eran mías para que mis semejantes festejasen las victorias, y yo con ellos, como mías Que he vivido y viviré siempre a mi manera, que no me entregare a ser una marioneta de nadie, que no me pasare nunca mis principios por la piedra, como muchos. Jamas podrán decirme que calle, que guarde en mi el odio hacia la moda de ser el mejor. No he sentido odio, rencor, ni repudio hacia nadie. Si solo saludase a mis hermanos, no seria diferente del que no me saluda a mi. Si odiase a quien me odia, no seria diferente de las criticas que puedo darle. Lucha, siempre que caigas lucha, siempre que lleguen los putos lunes, lucha, siempre que Septiembre empiece, lucha, siempre que el Invierno te congele cada hueso de tu cuerpo, lucha. Lucha por ti, por todos, como cuando en el escondite gritabas "Por mi, y por todos mis compañeros"; lucha, no seas marioneta, no violes tu fe, no des carpeta a tus principios. Jamas me podrán decir que no grite venganza a la venganza, que no pelee por mis enseñanzas. Jamas podrán decir que no me moví por mi fe, por el respeto de pedir respeto a quien no se lo merece, por dar respeto a quien no lo busca, por exigir respeto cuando es obligado. Vivo los días como si fuesen el ultimo. Vivo las noches, porque en mis ojos cansados esta el mas sabio de todos los consejos "Cuando estés en el fondo del pozo que es la vida, solo el camino hacia arriba sera la única opción". No soy un viejo enseñando a vivir, no soy un joven buscando y dando respuestas, soy yo mismo, diciéndote a ti, que lees esto esperando amor, a ti que lees lo que siento y pienso cada día que luches, como lo hacen los que día a día no tienen nada para ellos. No importa tu creencia, tu fe, ni de donde vengas ni a donde quieras ir, solo importan las ganas, solo importa que le des el cien al asunto, para que el asunto sea tu triunfo. Esto no es mas que palabras, y con la palabra no se consigue nada, la palabra es de políticos y oradores. Actúa llena tu vocabulario de verbos. Jamas me podrás decir, ni tu, ni nadie, que no te lo advertí. Que sonreír después de caerse, que levantarse es obligatorio. Que seguir adelante es la ley. Y que vivir por ti, para ti y hacia ti, con el amor y respeto, es la lógica que dictara tu camino. Tu, que me lees en estas lineas como si solo te hablase de amor, te digo, deja de leer ahora mismo, y escribe tu destino. Yo lo doy todo por los míos, yo amo mas que nadie al que me ama, y amo mas incluso al que me odia. Y siempre ten presente, que caigas donde caigas, duela lo que duela, el camino esta siempre hacia arriba.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Atardecer en Venecia.
Como cada tarde de las ultimas dos semanas en Giardino, Clara y Diego se entretenían en conocer a fondo los sitios del parque. Cogidos de la mano iban sin rumbo por todas las callejuelas próximas al lugar, buscando nuevos sitios donde poder ver la puesta de sol. Habían llegado a Venecia para volver a conocer otra vez juntos cada rincón de la ciudad, pero el recuerdo de su primer encuentro en aquel parque que les hacia ir todas las tardes a pasear, juntos, con la esperanza de ver el atardecer de nuevo como aquel día.
Aquel día, hace mas de dos años, al comienzo de la Primavera... Una joven dibujaba sentada en uno de los bancos próximos al canal. Su aire melancólico, ojos color miel, tan dulces como su voz, su piel brillando por el suave resplandor del sol, el cabello oscuro calándole liso por su hombro derecho, dejando pasar el viento por su cuello. La mirada fija en su pequeño cuaderno, su mano decidida dibujando los trazos de uno mas de la infinidad de retratos de los canales de la ciudad. Hacia semanas que se había instalado con sus tíos allí, durante un par de meses, buscando escapar de Madrid. A veces lo extrañaba, pero como cada mañana , al ver el tranquilo movimiento del agua por entre los edificios, las góndolas paseando enamorados y turistas, el aroma de la antigua Italia, le hacia pensar que algún día volvería, pero ese día no estaba cerca.
Mientras caminaba por Fondamenta, veía el suave movimiento de las hojas del parque. Un ruido de un niño llorando le llega de pronto a sus oídos. Allí, sentado en el suelo, un pequeño miraba perdido a todos lados, gritando en busca de alguien. Clara se acerca al muchacho.
- ¿Te has perdido pequeño?
El niño asustado mira a Clara, y receloso baja la mirada, sin contestarla, avergonzado.
- No te preocupes, confía en mi. Solo quiero ayudarte.- Clara esboza una sonrisa en su bello rostro - ¿A quien buscas?
- A mi hermano mayor... - soltó titubeando.
- Bueno, ven, vamos juntos a buscarle. ¿Como te llamas?
- Mario...- mascullo el chico entre susurros.
- ¿Y tu hermano?
- Diego... se llama Diego.
- ¡MARIO! - aparece un joven corriendo hacia ellos - ¡TU, SUELTA A MI HERMANO!
Clara asustada suelta la mano del niño. Su mochila cae al suelo, dejando sus cuadernos y lapiceros tirados por el suelo.
- ¿Mario estas bien? ¿Donde te habías metido?
- Estaba esperándote, y ella me estaba ayudando...
- ¿Quien es ella?
- Me llamo Clara, y podrías ser un poco mas...educado, solo estaba ayudando a tu hermano. Siento haberte molestado...
- No no, lo siento... Dios, Mario me has asustado. Muchísimas gracias... Oh, espera, espera que te ayudo con...con eso. - Se agacha a recoger las notas de la chica - Estaba asustado, entiéndeme.
- No pasa nada.
En ese instante las miradas de los chicos se cruzan, y un rubor crece por el rostro de Clara. Era la primera vez que se fijaba en el chico, con el susto apenas se había parado a ello. Tenia el pelo rizado, corto, unos ojos oscuros, un rostro atractivo, tendría unos 18 años, pero Clara no podía dejar de mirar su sonrisa, de medio lado, dejando entre ver un par de dientes.
- ¿Te ocurre algo? - pregunta el, riéndose por el rubor que cubrió el rostro de la chica.
- No no, no pasa nada. Muchas gracias ya me voy. Un placer, cuida mas de tu hermano.
Clara coge su mochila, y decidida a irse rápido, avergonzada, se gira y empieza a caminar. Pero algo la detiene... La mano de el joven había sujetado la de ella, suave, pero decidido.
- Creo que te debo algo por ayudar a mi hermano a encontrarme.
- En serio, gracias...pero no.. no pasa nada.- Intenta zafarse de la mano del chico.
- No aceptare un no. Ven, te daré un paseo por los canales, y te invito a comer.
- No...
- Insisto.
- ¿Pero y tu hermano?
- ¡Ah! Mario... papa y mama están en el puerto, ve para allá y diles que yo...tengo asuntos urgentes. Os veo luego para la cena.
El niño sale corriendo luego de las gracias a Clara y despedirse.
- ¡Vamos, vas a conocer Venecia como jamas la habrías conocido!
El día pasaba, Clara y Diego iban por las callejuelas de la ciudad, conociendo lugares que Clara no había visto en todo el tiempo que llevaba en la ciudad. Preciosos jardines colocados sobre los canales, pequeños estanques donde estaba los patos... El amor de Clara por la ciudad crecía con cada nuevo sitio que el chico le iba presentando. Pero había algo de el que le hacia mas atrayente que la propia ciudad, su voz alegre, propia de los jóvenes italianos, su mirada, esos ojos de color marrón casi negro, tan oscuros, pero su sonrisa... Clara se habría pasado horas mirándole, y solo habría podido mirar esa sonrisa.
Diego la llevo a sitios escondidos, como la Pizzeria de Vitto. Un restaurante antiguo, escondido en la parte mas olvidada de la ciudad.
La comida era deliciosa, el ambiente inmejorable. Clara no podía creer que un día normal, acabaría así.
- ¿Te gustaría ver el atardecer? En Giardino hay un lugar cerca de la costa, que se ve la entrada de Libertá. Es impresionante. ¿Te apetece?
- ¿No estarás intentando raptarme o algo así verdad? - Soltó la chica entre una media sonrisa y una cara seria.
- Quien sabe, si no te arriesgas jamas lo sabrás.
Camino a el parque, la tarde caía. Los colores de la ciudad se reavivaban por la noche, con las luces de los edificios reflejadas en el agua. El atardecer estaba próximo, y Carla estaba exhausta de el día entero. Necesitaba descansar.
- Es ahí delante, solo queda un poco.
La alegría del chico era contagiosa. ¿Por que no paraba de mirarle? ¿por que siempre que el le cogía la mano ella no se la soltaba? Su piel cálida, morena, tan suave. Diego se sienta en el suelo, con los pies en el aire, mirando el horizonte, mientras la brisa movía sus rizos. Clara se sienta a su lado y mira hacia donde el la señala con la mirada.
Ante ella, vía Libertá, el puente de Venecia, el gran canal y mas allá, el mar. El sol bajando, dejando caer la noche lentamente. La mirada de Clara estaba perdida en aquella imagen, intentando quedarse con todos los detalles, con todos los puntos de su visión. Diego la miraba sonriente, sabiendo la cara de sorpresa de la chica. La toma de la mano, mientras se acerca a ella despacio. Clara lo nota, no hace ningún movimiento de rechazo. Siente que necesita algo. El lugar, el atardecer, la compañía. El panorama era sobrecogedor. Diego la mira ahora mas decidido.
- Disfruta, pequeña, no vas a ver un atardecer igual nunca mas.
- ¿Por que? - pregunta ella, algo sorprendida.
- Por que este sitio ya no estará. Sera imposible.
- Yo no quiero que esta sea la única vez. Esto es... tan hermoso.
- ¿Quieres volver a ver un atardecer así?
- Si... Claro que quiero. -musitando, Clara gira su mirada hacia el.
- Pues ven conmigo...
- ¿A donde?
- A buscar todos los días un atardecer como este. A buscar nuestro atardecer.
Diego la toma la cara con la mano, girándola, acercándose. Ella puede verle, nerviosa, percibir el aroma que desprende su piel. Ella no se percata de nada mas, que de el, su sonrisa acercándose cada vez mas, el rubor subiendo por su cara. El se planta justo delante suya, rozando sus labios con los suyos, y en un susurro la dice...
- Ven conmigo...
Clara cierra los ojos, siente el calor recorriéndole el cuerpo por toad la espalda. Siente sus finos labios, su mano acariciándola el pelo. Un momento increíble. Inimaginable, de película. Clara entiende todo lo que durante el día había estado necesitando, era eso, era a el.
En aquella tarde de Primavera, como si hubiese sido un día cualquiera, había encontrado lo que había buscado huyendo de Madrid. En los canales de Venecia, en el atardecer de Giardino.
Allí, parados uno frente al otro, Diego la mira como el primer día, hace dos años. A esos ojos color miel, vergonzosos. El sonríe, le encanta verla ruborizarse. La abraza por la cintura, con una mano, mientras con la otra mece suavemente el pelo negro de Clara. Se acerca despacio a ella, y en un susurro, rozando sus labios...
- Ven conmigo, siempre...
- No me separaría de ti nunca...- Contesta ella.
Otro atardecer en Venecia, un día cualquiera. Arriesgando a perder, Clara y Diego ganaron lo que necesitaban. En otra tarde mas, en un día mas de primavera.

Gracias. C.
Rimas de presente.
Todo pasa, nunca serás más hermosa de lo que eres hoy, el tiempo corre, por eso, los dioses nos envidian, porque tal vez no volvamos nunca a estar aquí, porque tal vez no volvamos a mirarnos los ojos, es por ello, por lo que nos envidian y nos odian. Somos mortales, nuestra bendición y también nuestra maldición, ahora dime, aprovecharás el momento y de nuestro amor, o simplemente mirarás hasta que te preguntes porque se perdió? Jamás, dejes que sean otros los que tomen tu decisión.
El momento lo es todo, esos instantes especiales y fugaces, esas tardes, esas caricias, ese momento antes de un beso en el que la miras a los ojos, jamás volverá.. por eso, aprovéchalo. No vivas pensando en el mañana ni lamentándote por el pasado. De la mano con el tiempo descubrí, y a base de golpes aprendí, lo que aquí, escribo.
Hasta que me canse de esperarte te escribo, persigo que tus labios digan moriré contigo.
El momento lo es todo, esos instantes especiales y fugaces, esas tardes, esas caricias, ese momento antes de un beso en el que la miras a los ojos, jamás volverá.. por eso, aprovéchalo. No vivas pensando en el mañana ni lamentándote por el pasado. De la mano con el tiempo descubrí, y a base de golpes aprendí, lo que aquí, escribo.
Hasta que me canse de esperarte te escribo, persigo que tus labios digan moriré contigo.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Por bandera.
"Buenos días princesas" me repito cada mañana al abrir los ojos. Cada vez que el sol viene y toca mi ventana, llamándome arriba me repito la misma frase, "Buenos días princesas". No por los amores perdidos, no por los amores que vendrán no por los fantasmas de amores que nunca sucederán no. Princesas por mis ilusiones, por mis ganas de ver cada día de lluvia, de nubes y tristeza como un día mas del verano que vivimos antes de irnos. Buenos días a todas las cosas bellas que pueda dar mi imaginación de si. Buenos días a todas esas personas que aun quedan, que al verte pasar te sonríen o saludan, no ahogados por los estragos de una sociedad cada vez mas sumida en el pozo de esta cruda realidad. Buenos días a las sonrisas que nadie me dará a las sonrisas que como loco soltare mientras ando por las calles. Son mis princesas, mis ilusiones, mis ganas de tener una vida por la cual morir en paz. ¿Por que que es la vida si no un preparativo bastante largo para llegar a la muerte? ¿Por que sumirnos en un pozo, cuando acabaremos bajo tierra? Siempre podemos sufrir, estar mal, por familia y por los demás mas nunca podemos rendirnos. Y cada mañana despertar, gritando en un susurro, que buenos días los hay siempre porque seguimos vivos.
Una novia llamada Soledad.
La soledad es como pararse frente a un espejo y no saber quien es el tipo que se refleja. La soledad es como ver las hojas caer en Otoño y darte cuenta que después de ahí desaparecen. La soledad son siete letras formando una palabra que, irónicamente solo significa vacío La soledad es mas que un sentimiento, mas duro, mas doloroso que todos. La soledad es acabar enamorado de uno mismo antes que de los demás por miedo a que se rompa eso, nuestra soledad. La soledad es el miedo al que dirán la soledad es la casa que no es nuestra. La soledad es amor, amistad, dolor, lo es todo. Todas las historias tienen finales, y los finales se escriben con letra pequeña, vivimos ilusionados por el comienzo de las historias, pero cuando llega el desenlace no nos damos cuenta que de antemano ya sabíamos que acabaría y que todo eso lleva a la soledad. La soledad no es mas que eso, el alegre baile de nuestras ilusiones hacia el final, la marcha fúnebre mas irónica que veremos nunca. La soledad soy yo. La soledad es un corazón que palpita solo, sin ayuda de nadie. La soledad eres tu.
jueves, 8 de noviembre de 2012
No dirán,jamás,que no lo intentamos.
Quiero ser
feliz, y sé que la felicidad se puede alcanzar con la soledad de aliada, que no
necesitas a alguien a tu lado para serlo, pero es mucho más placentero
compartirlo, compartir tus sentimientos, y sentir los suyos. Creo que es
nuestro interior el que busca a alguien que sea especial, creo que quieras o
no, lo llevamos dentro ambos, tú y yo, y no, no sé explicar que es eso que te
diferencia, que seas tú y no otra, pero tal vez, no todo dependa de darle una explicación
a algo, tal vez no tenga sentido, tal vez seamos casi extraños, pero aunque mi
cabeza me diga que ande con cuidado, es mi interior el que se niega, por eso yo
sigo y seguiré pensando, escribiendo y hablando.
Porque no doy nada por
perdido, y porque, mientras intuya una sonrisa en tus ojos, en esos ojos
marrones, seguiré pensando que eres una chica especial, mi chica especial.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)