domingo, 23 de abril de 2017

Y vivir.

¿Como borras los últimos cinco años de tu vida? ¿Como eliminas todo lo que pensabas que te hacia ser mejor? ¿Como callas a esos fantasmas que vienen gritando las cosas que tu no puedes decir? Solo queda mirar arriba y respirar, respirar y recordar, recordar de que todo tiene final, que no hay idiota que lo soporte por mas que cien años dure.
¿Que haces cuando, la persona que creíste perfecta, te muestra cruelmente que era una mentira?
Tu estabas convencido que no saldría bien, que no funcionaria, lo avisaste y lo dijiste. Te conocías, por no sufrir, por que hay gente que solo necesita estar sola, que sabe que no puede depender de nada mas. Te vendiste cuentos, te pensaste que quizás, las cosas no son como piensas y que esta vez, puede que si salga bien, que esa persona sea la que de verdad te haga cambiar todo lo que te confiere miedo y te quita la libertad de tu propio interior.

¿Como retomar todas las advertencias que tomaste cuando empezaste? ¿Como volver a confiar, si cuando mas has dado, mas hondo te han clavado el puñal?
Si se quiere se puede, es mentira. Si se puede, se quiere... Por que nos aferramos a las facilidades. Ahora aferrate de alguien que te venderá una vida en rosa, mientras en tu cabeza, cada vez mas, vas pareciéndote al demonio. Ahora aferrate al sueño de que, quizás el culpable fue el otro, y no tu, por negligente, por jugar a ser dueña de otra persona, por jugar a ser la jefa de decisiones que no debiste tomar.

El valor esta en admitir donde se ha errado. Yo he fallado, como el que mas y mucho mas, pero por orgullo jamas se podrá negar, que no entregue todo, del 1 al 100, del 100 al 1000. El valor, no esta en decir que hacen mal los demás, como hacías tu, esta en demostrar que no eres como eso que has criticado.
El valor esta, en después de todo, ponerte delante de la persona a la que dijiste un día que querías, y decirle, al menos, que fue un error o aunque sea, la verdad, de como dejaste de sentir por el, para sentir por alguien mas. Quizás ahora me mueva el odio y el rencor, pero lo llamare orgullo, para tapar que, uno siempre es tan imbécil, que por masoquista y continuista, espera que algún día te arrepientas, y esperar.

No habrá mas palabras. Solo espero, que te lo hayas pasado bien.

jueves, 16 de marzo de 2017

Sx2.

Ruedas corriendo por la T1 de Barajas. Siete menos cuarto de la mañana. El tiempo apremia.
-          Dónde estás? – llega un mensaje al teléfono.
Ya son menos diez y ella no ha llegado.
-          Llegando. No encontrábamos el aparcamiento. Tranquilo, quedan aún una hora para irnos.
Bueno, la puntualidad nunca fue su fuerte, llevaba años sabiéndolo, no era un problema. Siete menos cinco. El facturado de maletas esta vacío, no quedan ya pasajeros hacia Londres en el stand de Easyjet pasando sus pequeñas maletas, justas para colar kilos y kilos, pero que no superen el tamaño que exigen ahora. Mínimo.
-          Ya están ahí.

Lágrimas, despedidas. Besos y abrazos. De todo, pero bueno es lo normal. Cuando emprendes un viaje así es lo que esperas. Nunca me gustaron las despedidas. Nunca he sido capaz de decir adiós ni cuando me voy de casa, por no saber si volvería.
Pero bueno, ahí estábamos. Asientos 7F y 7E. Vuelo Madrid- Londres. De barajas a Stansted. Sería difícil empezar, estaba claro. Pero es lo que tienen los comienzos, que nunca son fáciles.
Era esto lo que quería ¿O quizás no? Había engañado a los demás… ¿O me había engañado a mí mismo? Todos creían que me iba por ilusión de hacer algo nuevo, por las promesas de que si triunfas en otro país, con otro idioma, triunfas donde sea. Un futuro… Como les había podido mentir así. ¿Para salvaguardar mi orgullo? ¿Para  hacerme el duro y no ver que lo único por lo que me iba era por no perderla?

-          Si no vienes conmigo, yo me iré. No puedo estar un año sin hacer nada, pero yo lo necesito. Necesito hacer algo. Es lo mejor… Ven conmigo si quieres. Yo quiero que vengas, pero es tu decisión.

No hubo que pensarlo mucho. “Yo me iré, contigo o sin ti”. No hacían falta más palabras. El miedo a perder algo por lo que llevaba tanto tiempo haciendo que funcionase al 100%, el miedo a perderla era más fuerte que el deber o responsabilidad que me ataban aquí. No ver a mi familia, no ver a mis amigos, a mi gente… podría soportarlo a duras penas, pero no quería echarla más de menos. Habían sido muchos años aguantándonos a malas, un año entero estando juntos, para que todo acabase por algo así. Ahora la tenía ahí al lado, apretándome la mano, apretándose los dientes y el miedo. Nunca le había gustado volar. Siempre que tenía que coger un avión, antes me llamaba histérica, más cuando le tocaba sentarse sola.
-          Me vas a reventar la mano eh… cariño.
-          Lo siento. Pero es que no me gusta nada…
-          Aún no hemos ni empezado a movernos, tranquila. Además… te suda la mano. Te vas a deshidratar.
-          ¡A mí no me suda la mano, gilipollas! Te suda a ti. Guarro.
-          Jajaja no pasa nada. ¿Nos hacemos una foto? Antes de irnos.
-          Venga vale.
Quince fotos después, lo habíamos logrado.
-          Venga, nos ponemos la música, dormimos y en dos horas estamos ya en Londres… ¿Vale? Tranquila…
-          Vale… pero tengo miedo.
-          Bueno, yo también. Pero alguno de los dos tiene que hacerse el fuerte o nos ponemos a llorar los dos y nos echan eh…
-          Eres idiota en serio.
-          Quizás… pero bueno, por eso estoy aquí.
-          ¿Te arrepientes?
-          Me arrepentiría si hubiese tenido que despedirme y dejarte sola en este avión.

Dos horas y media después estábamos ahí, destrozados. Entre el madrugón, entre el equipaje, entre los paseos de punta a punta en ese infierno de aeropuerto, nos habíamos hecho ya a la idea de que estábamos en Londres, solos. Esperando un autobús que nos llevase al encuentro de su primo. Se nos acercaban gente a preguntarnos cosas, en inglés. Y nuestro inglés primitivo era el que era. Pero al menos nos defendíamos.

-          ¿Qué te ha preguntado?
-          Que donde estaba la estación de metro, me parece.
-          No tienes ni idea ¿no?
-          La he mandado para arriba, pero a saber cómo se lo he dicho la verdad, igual la he mandado a pillar un vuelo o algo a la tía.
-          Dios… vámonos antes de que se dé cuenta de que la has timado.

Otras dos horas de autobús. Llegando a Victoria. Cuatro maletas. Apenas 20 y 22 años. Y parados en mitad de una estación de aspecto viejo de pleno Londres.  Con unas cuantas libras y sin saber cómo coño preguntar si quiera donde estaba la otra parte de la estación.
-          ¿Dónde está tu primo?
-          No tengo ni idea, me dice que está aquí, pero que no sabe en qué salida hemos llegado a caer… ¿Qué hacemos?
-          Si quieres me quedo yo y sal a buscarle, te reconocerá antes a ti que a mí.
-          ¡Ahí viene!


Después de varias horas, después de varios cambios por el metro de Londres, enano y siempre abarrotado, estábamos ya por fin en Finsbury. La que sería nuestra casa durante unos días, hasta que consiguiésemos salir y estar los dos solos. Así se empiezan las historias, despedidas, decisiones, errores e ilusión. Pero no hay mejores historias que las que se empiezan cuando se quiere de verdad, supongo… Todo era empezar. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Sx,

Nuestra historia comenzó como esos libros que empiezas sin convicción. Pensando que el final te decepcionara, pensando que los personajes se estancaran.
Nuestra historia comenzó como esas películas románticas, que repiten una y otra vez el mismo patrón. Pero así es como todo empieza. Buscando la sorpresa, buscando la emoción, la ilusión. Nuestra historia comenzó, y como películas y libros, tuvo su final. Finales abruptos, de esos que no te venden en anuncios, de esos que te duelen más que un simple adiós. Nuestra historia acabo con mentiras, con terceras personas ocupando huecos, que la rutina hizo que lo nuestro se fuese.
Ahora el orgullo es capitán, ahora nos jactamos de que vivimos y que nos hicimos mal. Pero... ¿Acaso está mal querer de verdad? ¿Acaso está mal dar todo y esperar, si acaso, la mitad? No, ni dependencia, no, ni las cicatrices, no. Si buscamos culpables, el máximo soy yo, por querer con distracción, amar con mucha locura pero entregarme sin una razón. Tú, tu solo has sido producto del orgullo, de las lenguas de plata que venden historias. Nuestra historia comenzó...
Y cuando comenzó, cuando continuo y ahora que acabo, sigo viendo las mismas seis razones por las que te quise a mi lado, pelee para mantenerte ahí, y llore cuando decidiste irte.
Primero, fuiste real, primero, siempre fuiste tú. No merecieron la pena todas las bocas anteriores, no merecieron la pena todas las demás, cuando te vi como de verdad te quise ver.
Segundo, siempre con sinceridad, siempre con la verdad por bandera, siempre consiente que yo no era el indicado, pero era el que estaba ahí.
Tercero, tu dureza, tu fuerza de tomarte las cosas y decírmelas sin pensar, sin tapujos ni estrellas para adornar, formas de guerras mejores que las peleas.
Cuarta, tu en general, sin miedos, sin barreras, sin vergüenza al tenerme, mirarte y verte que igual, si de verdad creía, ese libro podría ser lo mejor que hubiese leído nunca.
Quinto fue que me supere, me supere por ti, me supere de anteriores hostias, aun que tuve que tomarme un tiempo, que te debo y te deberé aun ahora,
Sexta fue que, después de tanto, desde el principio, me enamoré, de esta película, de sus actores, de su historia y sus giros. Me entregue con todo porque vi todo, quise todo, y perdí todo...

Quizás en unos años, quiera el destino que vuelvas, quizás en unos años yo ya este rodando otras historias. Quizás en unos meses, lea todo esto y piense que fui idiota.

Pero bueno, el amor, como suponer que un libro por su portada, o una película por sus avances son malas, es de idiotas. Contaré hasta seis, cuando llegue al final, que cada razón por la que te busqué se borre. Pero si algún día quieres volver, piensa que todo lo que dejaste, fue por un castillo en el aire y en la vida real, la que manda es la gravedad.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Quid pro Quo.



Siempre el fallo lo repiten los mismos. Que en quien confías, que quien te pide, es el último de la fila para dar. Que ni tu confianza es ciega, ni tu gilipollas.
Tu, que pensabas que los años curarían tus males, te das otra vez de bruces contra ti mismo. Te encuentras otra vez contra tu némesis, que va de aliado.
Que vas de valiente e hincas rodilla a la primera que las cosas no salen como esperabas. El auto control no existe, y reventar una pared a cabezazos nunca ha sido un buen remedio.
Que ni el tiempo lo cura todo, ni quedarse callado solucionada nada. A esos que piensan que la solución es dejar su orgullo por bandera, a esos que piensan que mejor callar que parecer idiota... Cuanto se equivocan.
Espera solo a que el karma, la vida, la ruleta les demuestre que, el silencio, no es el mejor amigo del error. Y mejor, espera, a que cuando se rompa tu castillo, vengan a llorarte, en ese momento te darás cuenta de cuan poco les importas.
Quid pro Quo. Si pides, recibes. Si pides y no recibes, plantéate donde esta el fallo. Y siempre esta en ti.
Quid pro Quo. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Historias.

Rodrigo.

Son las siete de la mañana, otro día normal, se levanta y lo primero que ve es a su mujer, a su lado, dormida. Hacia años que era solo eso, su mujer, ya no había amor, ya no eran esa buena relación con la que predicaban. Habían tenido dos hijos, ya independizados, a los que se había encargado de colocar en un buen puesto partido y el bufete. En su mesilla la bandeja que le deja siempre su criada, servicial y silenciosa. En ella, solo una copia de las portadas de los grandes diarios del país, no le interesa mas, sabe de sobra que de saltar algún escándalo relacionado con el, saldría en la portada. A su lado un café cargado y una tostada. Su desayuno de cada día, el que había usado como ejemplo de austeridad para firmar algunos recortes. Siempre que lo veía se sonreía para si, pensando en que de verdad, había gente que se creía tales patrañas, de que el, un político de renombre, que muchos medios habían apodado el tiburón del Congreso, anterior jefe de banca y futuro consejero en cualquier empresa de algún amigo suyo, iba a tener "austeridad". Rodrigo se movía entre ese grupo de gente que habían heredado una cosa de los magos, que era el arte de engañar. Sabia convencer, su labia era famosa, había crecido desde lo mas bajo hasta llegar allí, el palacio presidencial. Se acordaba vagamente de sus años como joven militante, un rebelde mas, pro-familia, cuando no tenia familia ya que le quisiera. Anti-aborto, después de pagar el mismo de una de las fulanas con las que sorprendió a su hijo cuando era joven. Sabia perfectamente como manejar la economía para que sus mejores escuderos le debieran hasta los calzoncillos que vestían. Se jactaba de ser un político mas, sin escrúpulos, con la mirada vacía de cualquier remordimiento. Aprendió desde pequeño que, para triunfar, solo debes mirarte a ti, pensar en ti, mentir, engañar, usar la palabra como truco para que la masa se comportase como borregos. Tenia su vida hecha, sus hijos y sus nietos tenían todo hecho sin haber llegado a hacer nada. Todo gracias a el, a el basto imperio político que había construido a base de engaños, de estudios, de horas de peleas con diferentes personas de distintas ideologías. Leía las portadas y no veía nada importante:
- Cae la bolsa.
- Suben las hipotecas.
- Otro banco en quiebra.
- Crisis sanitaria.
¿Y a el que? Ningún escándalo que le pintase la cara, nadie había levantado la alfombra ese día. Muchas manifestaciones pero ninguna represalia. Tenia bien atado cada movimiento de cada eslabón de la cadena.


Fernando.

Otro día mas. Fernando se levanta temprano, siempre sobre las cinco y media, sin que haya salido si quiera el Sol. Su rutina era clara, levantarse, sacar a su perro y salir a correr un rato, antes de que hubiese mucha gente por la calle. Su vida como jefe del sindicato de los trabajadores le había catapultado a una fama que no le gustaba, que no manejaba bien. Echaba de menos poder ir un bar y que no le hablasen de política, de papeles que firmar, de reuniones... Todo le hacia sentir mal, ver la cara de mucha gente que había considerado amigos y ahora solo eran gente afín a sus ideales o detractores de los mismos. En los últimos tiempos, los segundos se habían multiplicado. Varias de sus cuentas habían salido a la luz. Echaba de menos sus años de estudiante, de las reuniones en garajes y locales cerrados al publico, de ser un desconocido de puertas para fuera. El había llevado su lema de que los trabajadores eran lo primero, pero todos los días le daba vueltas a si las firmas que había hecho de estatutos y reformas habrían servido de algo, que había fallado para llegara donde estaban. Había gente que se lo recriminaba por la calle, "has vendido tus ideales", "defiendes al trabajador de día y le robas de noche.". Y tenían razón, el lo sabia, dentro de si lo sabia, pero siempre le pudo la avaricia, las ganas de poder. El, confiado de sus ideales de joven, ahora los había cambiado por un traje de Massimo Dutti, una cartera de Louis Vuitton y un puesto de trabajo cuando acabasen sus años como jefe sindicalista como consejero en una gran empresa. No se avergonzaba, al final, lo que mas le importaba era tener a su mujer contenta, que su hijo tuviese todo lo que el no tuvo. Se tomaba a broma los comentarios que le hacían algunos de sus compañeros. El daba conferencias a los trabajadores defendiendo el uso de la escuela publica, de el derecho laboral, de un sueldo justo, mientras el tenia emplazado a su hijo en el mejor colegio de la ciudad, jamas leía los contratos que firmaba por los derechos de los trabajadores que debía defender y su sueldo triplicaba el sueldo medio de una persona corriente. Ironías de la vida, la política que el atacaba, le termino por endulzar y tragar.
Ahora, después de sus carreras con sus pensamientos, llegaba a casa y leía su plan del día. Todo lleno de reuniones absurdas que no conseguirían nada para nadie mas que para los cuatro o cinco que se iban a sentar en esa mesa a "pactar acuerdos".

En fin, otro día mas, enfundado en su traje, saliendo de su piso, mascara en mano.


Mateo.

Mateo no podía mas, los últimos días le habían dejado tocado moralmente. Las elecciones generales se acercaban y el solo veía que la gente de mas años de su partido le dejaban, día tras día, con nuevos problemas. Crisis en ayuntamientos, corrupción, militantes desleales. Su principal rival político, Rodrigo le llevaba unos puntos por delante, pero le veía tranquilo. En todos los debates contra el se había sentido vapuleado, sabiendo que su oponente tenia una lengua viperina capaz de dejar en calzones a cualquiera, asesorado por un gran cumulo de oradores, claro. Peleaba contra el y peleaba contra los que, en teoría, tenían sus mismas ideologías. Se le criticaban sus votos cuando coincidían con los del gobierno y se le criticaba aun mas cuando no coincidían pero no daba ninguna solución. Siempre , cuando se es opositor se tienen muy buenas palabras pero acciones cero. El tenia que levantar el carro que su antecesor había dejado tirado, tenia que levantar un partido que estaba dividido en grupos, y no llevaba mas de tres meses en el cargo. Esa mañana no era especial, su rutina de levantarse a las seis de la mañana, desayunar sentado en su lujosa cocina, mirando las noticias para ver como iban los asuntos políticos que le incluían. No le importaba nada mas, esa imagen de "el defensor del pueblo" quedaba muy bien para ganar los votos, pero eran los mercados, eran los aliados los que le harían colocarse a la cabeza, no el panadero, no el kioskero. Si se ganaba los mercados, si ganaba fuertes aliados su imagen se vería beneficiada. Ya le habían ido con canciones de sirena a decirle que, de conseguir poder, tendría la vida de sus nietos y los hijos de estos, solucionada. Esa idea le gustaba. Nadie conocía sus ideales, pese a que sus palabras eran de buena intención, sus acciones demostraban que estaba en muchas cosas mas de acuerdo con Rodrigo que con cualquier otro de sus oponentes. Pero debía vencer, años de ciencias políticas en la Universidad, cursos de oración, carrera como abogado, todo, no serviría para nada si no era capaz de ganar a sus rivales y llegar allí, el palacio de gobierno. Sabia que su discurso de "ajustarse el cinturón" caería en el olvido en cuanto ganara, pero no le preocupaba. Se veía listo y preparado para conseguir sus objetivos, relanzar la marca de su país, levantar las alfombras de los demás, barrer debajo y dejar la suya pegada al suelo. Ese día tendría mas reuniones, como siempre, se miraba al espejo y se repetía una y otra vez "Presidente Don Mateo"... Le sonaba tan bien.


Ernesto.

Ocho de la mañana. Ernesto baja como siempre a por el pan,su sitio de siempre. De pasada ve a sus vecinos, sabe de sobra que le van reconociendo. Hace meses que es cabeza de un sector político en alza, sabe que ya no le ven igual. Mucha gente que antes no le prestaba atención, le mira por la calle y le da la mano, le aplaude y le pide que continúen. Otros, sin embargo, que también veía siempre, le miraban con recelo, pensando que podría ser el demonio personificado. Al llegar a casa, se sentaba a leer la prensa por Internet, buscando nuevos escándalos en los que poder atacar a la yugular de sus oponentes. Les tenia acorralados, hacia tiempo que estos habían firmado su propia carta de defunción. Las movilizaciones en la calle, los movimientos estudiantiles, todo, había sido obra de ellos mismos. Y el se jactaba de ello. Leía siempre los relatos de el Che, parafraseaba a Marx y revisaba los planes políticos de países del llamado "tercer mundo". Siempre pensaba igual, si una medida en un país subdesarrollado funcionaba, ¿como no iba a funcionar en un país mas desarrollado? ¿mas capacitado para llevarlo mejor?. Se sentaba y pensaba fríamente cada movimiento de sus pies, cada final de sus frases. Sabedor de que, pese a su juventud, era el único que podía poner en aprietos a Rodrigo primero y a Mateo después. Muchos le llamaban radical, le atacaban por poner ejemplos que, para los no conocedores, eran peligrosos. Su respuesta era siempre igual, se defendían atacándole a el directamente, y el no se defendía, sabia que cualquier persona se daría cuenta de que si le atacan es por que le temen. Contaba con algo que sus oponentes no. El solo no ganaba votos, el no hacia perder votos a los demás, ellos solos perdían todos sus votos. Leía ataques de periodistas, politólogos, economistas... Y sabia que, en gran parte, tendrían razón.
¿Sabría llevar el poder, de conseguirlo? ¿Como conseguiría sacar un país adelante con unas medidas tan radicales?. En muchos, leía miedo, leía la palabra terror. Pero su ideología era clara. Ni el mismo sabe si, de llegar a el gobierno, cambiaría sus ropas por trajes ceñidos, su peinado por algo mas sensato, taparía sus tatuajes, se quitaría pendientes. El mismo no sabia que pasaría el día que el primer contrato millonario le llegase a sus manos, en que tuviese que decir no a puestos de importancia tras su retirada política. Pero si sabia que todo esto le servia para tener mas poder. El era una incógnita, sus oponentes eran ya conocidos, sus corrupciones, sus alardes de austeridad y su hipocresía lo eran, pero el no, el era una nube, bien de humo o bien una que tape un sol, y eso estaba a su favor. La gente que conversaba con el estaba cansada, quería de verdad creerse lo que el decía, pero sabia que tenían miedo a que todo se fuera de las manos, que llegase la anarquía, pero ni el sabia que pasaría. Le gustaba pensar en el hoy, dejar el mañana como algo bonito y olvidar el ayer y solo recordarlo para aprender. No quería llegar a ser otro caudillo, no quería llegar a ser otro revolucionario, pero no quería ser una persona trajeada, un pelele de fuerzas mayores el. Se movía entre el miedo de algunos y la esperanza de otros, mientras iba cogiendo poder.


María Jesús.

Cinco de la mañana. Su marido Pedro estará a punto de llegar, el trabajo temporal no le permite horarios mas justos. Pese a que su empresa había firmado hace poco convenios para los trabajadores, un pequeño resquicio había dejado a mas de 3.000 fuera de esas "ayudas" para ciertas familias. No era sorpresa. Allí estaba ella, despierta esperando que su marido llegara, viendo en una habitación a su hijo mayor con su abuela, que se había mudado con ellos para ayudarles con su pensión a pagar todo. En la otra habitación, sus otros dos niños, pequeños, los gemelos. Les miraba y suspiraba, les quería, daría su vida por ellos, pero mantenerlas les estaba quitando la vida a el y a su marido. Las becas de comedor habían sido reducidas, los libros le habían costado horas extras por tres meses a el padre, su hijo mayor tenia 17 años y trabajaba por un sueldo paupérrimo para poder ayudar a sus padres. Cada vez que recuerda que su hijo le dio su primer sueldo para ayudarla a pagar la hipoteca, rompe a llorar. Había perdido su infancia, su adolescencia, por intentar ayudarles a ellos a mantenerse. Las deudas les tenían quemados, los años de vacas gordas habían pasado. Era día 20 y el mes ya había terminado para ellos, les quedaban por delante 7 días de incertidumbre a ver como mantenerse. Hacia cinco meses que el banco le envío una advertencia de desahucio. Y estaba ella allí, mirando la televisión, veía a Rodrigo, el presidente, debatiendo con Mateo. Mientras, Fernando, dando lecciones morales a los trabajadores. Todos sabían los sueldos que cobraba por cada conferencia y cada contrato que firmaba, nadie se sorprendía ya que fuera una figura mas que publica. Y de vez en cuando salia Ernesto, ese chico le traía un pequeño aire de frescura, pero ciertas ideas la tenían con la voluntad cambiante, le veía buenas maneras, pero no sabia si seria así, o seria uno mas de aquella pocilga. Ella no entendía nada de estos, leía que la bolsa había bajado, que todo se volvía mas caro, que las hipotecas subirían y que los pisos estaban a la baja, que las pensiones se congelarían y que se reducirían servicios en sanidad, educación y servicios públicos, pero ella no entendía nada. Solo entendía que ahora no podía permitirse lujos, entendía que no podía llevar a sus hijos a practicar deporte por los altos costes de las matriculas, que llevaba muchos años sin poder cenar a solas con su marido decentemente por que el nunca podía estar en casa por que siempre estaba trabajando. Su trabajo como limpiadora les servia para llenar la nevera semanalmente, pero no era un trabajo fijo. Sentía miedo cada lunes al llegar al trabajo y que le dijeran que esa semana no tenían nada para ella. María Jesús sabia que tenia que dar gracias, por que pese a todo, gracias a su esfuerzo y el de su marido, el sacrificio de su madre, podían darle un futuro a sus hijos pero... ¿que futuro? ¿que seria de ellos cuando no estuviesen?. El buzón lleno de deudas, la nevera vacía de comida, los ojos llenos de lagrimas, y mientras otros, podridos de dinero que no era suyo. El mundo puede ser injusto, pero María Jesús no podía rendirse, no, por sus hijos.

jueves, 10 de julio de 2014

Cuando tus fracasos superan a tus victorias.

Todas las noches la misma historia. La misma rutina. Se bajaba a las 3 de la noche, cuando todos los bares estaban cerrados, escasas luces quedaban encendidas en las miles de terrazas, solo se oía los lejanos gritos de algunos jóvenes que correteaban bajo el efecto del alcohol. El era ajeno a todo eso, se había instalado en esa rutina por la que cualquiera podría ser llamado loco. Siempre bajaba a la misma hora, por las mismas calles, subiendo los mismos escalones y bajando por la rampa que le conducía a la arena fría de la noche, siempre sentado delante de las altas sillas de los socorristas, tapándose de miradas furtivas de policías de paso y alguna persona que se creía valiente para meterse en el oscuro mar. El observaba todo desde ahí, sentado, sin decir nada. Se sentaba mirando a la noche besándose con el mar, en el horizonte, como un voyeur del amor de ambos. Viviendo enamorado de la luna, contaba estrellas. Le gustaba respirar hondo y notar el olor a sal. A las 4 siempre se acercaba a la orilla, dejando que el agua mojase sus pies descubiertos, sentir el mar, abrazar su oscuridad. Se quedaba un largo rato así, alli, de pie. La noche era suya, la mejor forma de expiar sus pecados, sus sentimientos, de olvidar todo. Eran esas horas las que hacían que al día siguiente tras la abrasadora luz del sol, no decidiera acabar con todo. Esas horas que la noche, el mar y su amada luna le regalaban. Después volvía a sentarse y escribía en la arena siempre lo mismo, su castigo, el repaso de su vida.

"Cuando tus fracasos superan a tus victorias."

Una y otra vez...

"Cuando tus fracasos superan a tus victorias."

En su cabeza le retumban esas palabras. La llevaba tatuada a fuego en el alma, sabiendo que de esa frase nacia su vida Cuando veia el desfile de sus causas perdidas. De la familia con la que ya no hablaba, los amigos que el tiempo había hecho partir, los amores infructuosos que salieron de su timidez. Jamas había destacado en nada, no había sido el mas alto, el mas guapo, el mejor en una modalidad deportiva, ni el primero de sus promociones. Había pasado desapercibido por el mundo. No había dejado huella de nada. Todas las noches taladraba su cabeza con esa idea, de que solo el mar y la luna le recordarían, de que había sido todo, y de todo no había conseguido nada. Cuando el mar borraba su primer pensamiento, arrancaba a hacer memoria. Escribiendo en la arena los nombres de la familia que un día tuvo, que abandono. A veces imaginaba como serian las cosas si hubiese permanecido a su lado, y sabia que ninguno de los caminos acabarían bien. De nuevo el mar se llevaba su triste obra, los nombres de esa gente, ahora ya desconocida, se borraban como lo habían hecho en su vida. Y cambiaba de plano, mirando a la arena, tomaba un puñado seco que iba soltando poco a poco al mar. Se veía como esa mano, fuerte, segura, tratando de sujetar lo que podía de la huida de la arena. Como esta, todos los amigos que tenia se fueron. Se había rodeado de hipócritas, se había granjeado con la humanidad y se había dado de bruces al ver que no habia quedado ni uno. Ni un solo grano de arena que mereciese la pena conservar. Formaba una pequeña montaña de arena, esperando que el mar, mas sabio que el, se llevase a esa pandilla de hipócritas. Que no volvieran. Cuando el mar se había llevado el pequeño montículo, sacaba un pequeño trozo de madera carcomida de la silla de los vigilantes y escribía las iniciales de todos esos amores fracasados. Que de primera a ultima habían acabado desfilando de la mano de alguno de sus mas cercanos. Olvidándose de el. "A. E. R. D. A. R. M. B. M. F." Mas de las que le hubiesen gustado y los que hubiese querido. Todas puestas en el mismo orden siempre, el orden en el que las vio por primea vez, una a una, deseandolas, queriendolas y hasta amandolas una a una hasta que le olvidaban. Le echaban de su vida. Le decían que no era el. Que preferían algo mejor. Y así una larga lista de excusas para echarle de su lado. De nuevo, el mar volvía a borrar esos recuerdos. Volvía a llevarse sus nombres y su amor. La facilidad con la que el agua conseguía borrar las huellas en la arena le atraía. Era mas una forma de aprender. Si el mar podía, el podia. Podía borrar esas huellas que le iba dejando la vida, las marcas en la arena de su vida. Ellos y ellas. Todos los que se habían marchado. Y llegaban las 6. Ya escuchaba los primeros gritos de los que después de una noche de fiesta se acercaban al mar para despejar su mente del retumbar de la musica. No recordaba cuantas noches habia visto morir. Era ver como se iba y ya la echaba de menos. Ya esperaba que llegara la noche siguiente, encontrarse con su amada. Volver a olvidar sus fracasos, volver a expiar sus pecados. Simplemente volver... Y olvidar de nuevo a todos y todas. Esta era su vida, su rutina. Ya no tenia familia. Ya no quería mas amigos. Ya solo le entregaba el amor a la luna y al mar. Seguiría ahí, noche tras noche, con la lluvia, con la luna, con la arena, con el aire y con el. El sol ya había salido y de nuevo estaba dibujando la sonrisa falsa que debía tener a todos. Ir a trabajar, al bar de siempre, deseando que llegara la noche para volver a olvidar. Susurraba un adiós, miraba a ambos lados y caminaba vuelta a casa, esperando que algún día llegara algo que le sacara de allí, para siempre. La misma historia de siempre.

lunes, 21 de abril de 2014

Dueles mas que el peor dolor que se invento.

Cinco y veinte de la mañana, sentado en el alfeizar de la ventana, ve como la lluvia comienza a caer, otra noche mas que llueve. Decidido, salta,hace bastante tiempo que perdió ese miedo a las alturas que le atenazaba el alma. Cae incando la rodilla en un charco, no se preocupa en mirarlo, hay cosas mas preocupantes ahora mismo que un poco de agua y barro. Lentamente camina por la calle, buscando el refugio de la oscuridad, para evitar mal entendidos con la gente que desde las ventanas pueden estar contemplando la tormenta que desde hace semanas asola la ciudad. En su cabeza una sola idea recorre cada neurona, cada impulso se dirige al mismo pensamiento: ella.
Recuerda su rostro brillante, sus ojos acaramelados, era hermosa, una rosa blanca dentro de esta urbe grisácea  Recuerda la expresión ahogada, de llanto dibujada en sus labios cuando le partió a trozos cada centímetro de su inocente amor. Cruza a la otra calle, un coche se acerca por detrás  rápido  sin importancia. Su mente sigue dibujando aquella noche, no pasada de un mes, muy parecida a aquella. Refugiados en el porche de su casa, ella le cuenta sus historias, sus sueños de verano, su esplendoroso futuro, mientras el calla, su vida no palpita con la misma alegría que la de ella, el tiempo ha hecho de el algo mas frió de lo que pensaba. Ella le pregunta por su tiempo separados, el, deseoso de ese momento y armado de valor, le cuenta con detalles fríos  muy fríos  cada detalle de su infidelidad, no muestra miedo, no enseña sus cartas, sabe que ganara pase lo que pase. Pero a medida que va hablando, sus planes se van trastocando, ya que en el rostro de marfil de ella no halla dolor, enfado, ni siquiera sorpresa. De repente lo ve todo muy claro, calla. Ella por fin se sincera de verdad con el, le cuenta de verdad toda la historia de el tiempo en el que el estuvo ausente, perdido en sus problemas. Y la locura se enciende en los ojos de el, preso de la mas absoluta rabia al verse engañado, al notarse perdedor. Se separa de ella sin pensarlo, asqueado por sus manos infieles, sus palabras teñidas de un amor falso. Ambos se miran a los ojos, perdonándose, pero el corazón no perdona así. El solo consigue decir adiós, en un tono melancólico, pero decidido.
Ella corre tras el, bajo la lluvia, las lagrimas ahogadas con el agua que cae...
- ¿A donde vas?
- Lejos de ti.
- ¿Porque? Tu actuaste igual que yo. Porque ante eso, puedes reaccionar así  y yo no salir corriendo de ti al ver tu cara y no ver en ella un solo perdón.
- Me voy.
- No por favor, esto...no puede acabar así.
- Esto nunca llego a empezar de verdad. Lo mio fue solo la locura de un momento, segundos de excesos, lo tuyo fue deliberado, pensado, amado. Lo hiciste tuyo a sabiendas de lo que sucedería. Adiós, espero que te vaya bien.

Ella se arma de valor y le grita, pero el ya no escucha. El sonido de un perro le despierta de su ensimismamiento, la casa esta a la vuelta de la esquina, cerca, muy cerca para no estar atento. Solo le bastan un par de segundos, un par de pasos y ya sabe lo que dirá, como reaccionara ella. Pero la duda asoma, al verse equivocado en su ultimo calculo.
Se para bajo la lluvia, justo al lado de la cabina. Introduce la moneda, y marca el numero. Oye sonar el móvil desde abajo, el sonido de la canción preferida de el, pobre tonta, previsible hasta cuando se hace la dura. Una voz angelical atiende.
- ¿Si? ¿Eres tu?
- Baja, tenemos que hablar.
Cuelga inmediatamente, para evitar cualquier replica del tiempo. Las luces del porche se encienden, ahí esta ella, ataviada con su abrigo blanco, que el le regalo. Una sonrisa se dibuja en su rostro, otra prueba mas que no perderá esa noche. Camina despacio hacia el porche, nota como ella se va ruborizando, sin poder sostenerle la mirada. Plantado delante de ella, le da un beso, muy breve, en los labios. Ella sorprendida calla, pero en sus ojos se lee que era lo que esperaba, lo que deseaba, y el lo sabe.
- Te necesito - Las palabras salen de su boca. Ella reacciona lanzándose a su cuello, llena de amor.
Ella no llega ni a imaginarse cuanta verdad guardan sus palabras, pero su corazón no olvida.