lunes, 21 de abril de 2014

Dueles mas que el peor dolor que se invento.

Cinco y veinte de la mañana, sentado en el alfeizar de la ventana, ve como la lluvia comienza a caer, otra noche mas que llueve. Decidido, salta,hace bastante tiempo que perdió ese miedo a las alturas que le atenazaba el alma. Cae incando la rodilla en un charco, no se preocupa en mirarlo, hay cosas mas preocupantes ahora mismo que un poco de agua y barro. Lentamente camina por la calle, buscando el refugio de la oscuridad, para evitar mal entendidos con la gente que desde las ventanas pueden estar contemplando la tormenta que desde hace semanas asola la ciudad. En su cabeza una sola idea recorre cada neurona, cada impulso se dirige al mismo pensamiento: ella.
Recuerda su rostro brillante, sus ojos acaramelados, era hermosa, una rosa blanca dentro de esta urbe grisácea  Recuerda la expresión ahogada, de llanto dibujada en sus labios cuando le partió a trozos cada centímetro de su inocente amor. Cruza a la otra calle, un coche se acerca por detrás  rápido  sin importancia. Su mente sigue dibujando aquella noche, no pasada de un mes, muy parecida a aquella. Refugiados en el porche de su casa, ella le cuenta sus historias, sus sueños de verano, su esplendoroso futuro, mientras el calla, su vida no palpita con la misma alegría que la de ella, el tiempo ha hecho de el algo mas frió de lo que pensaba. Ella le pregunta por su tiempo separados, el, deseoso de ese momento y armado de valor, le cuenta con detalles fríos  muy fríos  cada detalle de su infidelidad, no muestra miedo, no enseña sus cartas, sabe que ganara pase lo que pase. Pero a medida que va hablando, sus planes se van trastocando, ya que en el rostro de marfil de ella no halla dolor, enfado, ni siquiera sorpresa. De repente lo ve todo muy claro, calla. Ella por fin se sincera de verdad con el, le cuenta de verdad toda la historia de el tiempo en el que el estuvo ausente, perdido en sus problemas. Y la locura se enciende en los ojos de el, preso de la mas absoluta rabia al verse engañado, al notarse perdedor. Se separa de ella sin pensarlo, asqueado por sus manos infieles, sus palabras teñidas de un amor falso. Ambos se miran a los ojos, perdonándose, pero el corazón no perdona así. El solo consigue decir adiós, en un tono melancólico, pero decidido.
Ella corre tras el, bajo la lluvia, las lagrimas ahogadas con el agua que cae...
- ¿A donde vas?
- Lejos de ti.
- ¿Porque? Tu actuaste igual que yo. Porque ante eso, puedes reaccionar así  y yo no salir corriendo de ti al ver tu cara y no ver en ella un solo perdón.
- Me voy.
- No por favor, esto...no puede acabar así.
- Esto nunca llego a empezar de verdad. Lo mio fue solo la locura de un momento, segundos de excesos, lo tuyo fue deliberado, pensado, amado. Lo hiciste tuyo a sabiendas de lo que sucedería. Adiós, espero que te vaya bien.

Ella se arma de valor y le grita, pero el ya no escucha. El sonido de un perro le despierta de su ensimismamiento, la casa esta a la vuelta de la esquina, cerca, muy cerca para no estar atento. Solo le bastan un par de segundos, un par de pasos y ya sabe lo que dirá, como reaccionara ella. Pero la duda asoma, al verse equivocado en su ultimo calculo.
Se para bajo la lluvia, justo al lado de la cabina. Introduce la moneda, y marca el numero. Oye sonar el móvil desde abajo, el sonido de la canción preferida de el, pobre tonta, previsible hasta cuando se hace la dura. Una voz angelical atiende.
- ¿Si? ¿Eres tu?
- Baja, tenemos que hablar.
Cuelga inmediatamente, para evitar cualquier replica del tiempo. Las luces del porche se encienden, ahí esta ella, ataviada con su abrigo blanco, que el le regalo. Una sonrisa se dibuja en su rostro, otra prueba mas que no perderá esa noche. Camina despacio hacia el porche, nota como ella se va ruborizando, sin poder sostenerle la mirada. Plantado delante de ella, le da un beso, muy breve, en los labios. Ella sorprendida calla, pero en sus ojos se lee que era lo que esperaba, lo que deseaba, y el lo sabe.
- Te necesito - Las palabras salen de su boca. Ella reacciona lanzándose a su cuello, llena de amor.
Ella no llega ni a imaginarse cuanta verdad guardan sus palabras, pero su corazón no olvida.