miércoles, 7 de agosto de 2013

Cartas. [Parte 1]

Los días y las noches pasaban iguales, lentas, con los sonidos de algunas balas perdidas, de gritos y lágrimas. Esa noche se leía en nuestros ojos el terror de lo que sabíamos que nos dirían al día siguiente. Nos iban a enviar a uno de los focos rebeldes, a luchar. Somos unos inexpertos, pero nos mandaban ante la escasez de hombres. Muchos morían por los disparos, las heridas, pero otros tantos morían de hambre, de sed... Simplemente morían, para no tener que matar nunca mas a nadie, para que nadie les tuviese que matar. Eran pocos los que volvían enteros, y los que lo hacían, jamas volvían a ser los mismos. Debe ser duro eso de perder a tus compañeros, a tus amigos.


06.00 A.M

Empiezan a sonar las campanas. Tengo demasiado sueño, pero mejor levantarme que aguantar los gritos del general, que estará al caer. El General Alonso, enviado desde Madrid, uno de esos godos que pensaban que eran mejor que nosotros por ser de la península.

- ¡Arriba todo el mundo, vamos! - Su voz, su terrible voz que llevaba un año atemorizándonos a todos por las mañanas con los mensajes de guerra, la lista de caídos y las asignaciones de tareas - Hoy os va a tocar saber que se siente estar ahí dentro, en la verdadera guerra. Seréis enviados a la costa. En los Cristianos hay grupos rebeldes que llevan un par de días hinchándonos las pelotas. Allí os dividirán en grupos de diez. ¿Alguna pregunta?

- ¡SEÑOR, NO, SEÑOR!

- Bien... ¡PUES VENGA PANDILLA DE MARICONAS! Hay que defender la patria.



08.00

Los furgones en los que nos habían separado eran estrechos, íbamos pegados unos con otros, como sardinas. Íbamos bajando las estrechas calles hacia las playas. Los cristianos hace tiempo que fue tomada, o eso pensábamos. Cada vez que nos acercábamos un poco mas, se escuchaba el sonido de granadas, disparos y gritos de hombres. La lucha no había esperado a que terminara de ponerse el Sol en el cielo. Pero allí estábamos diez críos con 10 fusiles de una calidad nula, con miedo en nuestros ojos, en nuestro sudor. Se podía cortar con un cuchillo la tensión. Sabíamos que no volveríamos todos, lo sabíamos desde hacia un año.

- Fran... No te separes de mi.

- ¿Y dejar solo al único amigo que tengo en toda esta mierda?... Volveremos a casa. Tu hijo te esta esperando.

- Si...

No se si le estoy mintiendo o de verdad me creo yo que vayamos a volver. Pero no caeremos sin honor, no caeremos en una maldita fosa común.


10.00

Mas de una hora de disparos. Noto la sangre en mi pantalón, de una bala perdida que ha terminado en mi muslo. Nada de gravedad. Tengo a mi al rededor muchísimos cuerpos, de viejos conocidos con los que he compartido todo este ultimo año. Estos pocos segundos en los que han cesado los disparos me hacen pensar que ya no habrá nada. Debe de quedar poco.

- ¡VAMOS...A POR ELLOS! - Grito el General Alonso.

12.00

- Francisco... No se donde están los demás. No nos queda munición.

- Estarán un poco al norte. No deben de quedar muchos de ellos. Las noticias no son malas. Vamos... tenemos que reunirnos con todos los demás.

- ¿Vamos a salir a campo abierto?

- No nos queda otra compañero... Mañana estaremos a esta hora tomándonos algo en el Bar de Pepe, invito yo.

- Trato hecho muchacho.

Siento que la pierna me arde. Una bala me ha atravesado el muslo izquierdo entero.

- ¡VAMOS! ¡NO NOS QUEDA MUCHO!

¡PUM! Miguel había recibido una bala en la cabeza. Abriéndole un agujero en medio. Se había parado para animarme, y por ello le acababan de volar la cabeza. Consigo reunir las pocas fuerzas que me quedan para despedirme de el, con lagrimas en los ojos, sangre en las manos... Me arrastro.

- Miguel... no, no te vayas, amigo. Por favor... no. - La poca voz que me sale no ayuda nada a la vida, parece un grito de muerte mas que otra cosa.

Pero ya era tarde. La bala le había volado toda su juventud, su vida. Yo no puedo mas, prefiero morir con el y rendirme, a seguir viendo morir gente, a saber que alguna de mis balas ha matado algún padre, hermano o hijo.

Noto unas manos fuertes levantándome y colocándome en una camilla. No siento la pierna izquierda, pero se que me la están vendando.
Sueño... ven a mi. Muerte... ven a mi.

"Esta es una historia de como se conocieron mis abuelos, hace muchísimo tiempo, en Tenerife. No hablo de ideales, no hablo de nada mas que de una historia real, de una historia que va mas allá que de una guerra. Va por vosotros, abuelos." 

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