¿Y si tuvieras que escribir en un cuaderno la primera vez que te enamoraste, como empezarías?
Todas las historias, ya sean grandes o pequeñas, empiezan por los pequeños detalles. Una tierna mirada, la conversación mas tonta que hayas tenido en tu vida, cualquier cosa puede hacer que te enamores. Te podría contar mil formas de enamorarte, pero solo conozco una, solo una vez he sabido lo que es querer a una persona, necesitar a una persona y perderla. Puedes tener a esa persona delante durante meses, pensar que no va a ser nada en tu vida mas que un conocido mas. Pero entonces pasa...
Yo nunca podre olvidarlo, ya no por lo que era, pero si por como me cambio la vida. Me da risa hasta recordarlo, pequeña, me da hasta vergüenza volver a sentirme como ese tonto, que la miro por primera vez a los ojos, buscando en ella algo mas. Sentada a mi lado, con sus ojos inocentes de quien jamas a roto un plato, porque no ha tenido tiempo de romperlo. Su pelo liso, su flequillo recto, sus ojos verdes, sus suaves manos acariciándome la cabeza, mirándome tiernamente, su figura dentro de ese vestido blanco y negro... Todo son recuerdos, pero se me ponen los pelos de punta cuando me vienen a la mente. Ya ves, pequeños detalles que llevan a replantearte si de verdad tus sentimientos hacia esa persona solo pueden llegar ahí Lo bueno de cuando te enamoras, es que aprendes a tener paciencia, aprendes a esperar el momento idóneo para poder sincerarte. Día a día la conoces mas, día a día te das cuenta de que es a esa persona a la que quieres en tu destino. Te duele verte mal con ella, cuando aun no sois nada mas que amigos, te duele no poder decirla que la quieres, porque esta fuera de lugar. Te hablo como si fuese todo un experto, y hoy, tres años después me sigo sorprendiendo de cuantas cosas hice mal y cuantas pude haber hecho mejor. Cuando todo empezó yo era un idiota mas, típico que solo decía que el amor no existe, que nada es mas real que la fe, que perder el tiempo con una chica era absurdo. Estaba equivocado, muy equivocado, el amor existe, y duele, esa es su prueba irrefutable de que es verdadero. Tres veces la dije que la quería tres veces la dije que era ella a quien necesitaba, tres formas diferentes de decirle susurrándole al oído que de irse, la echaría mas en falta que a mi propia existencia.
Treinta días espere, treinta largos inviernos de aquel Enero me esmere en cruzarme siempre que pudiese con ella, solo abrazarla, intentar acercarme a ella y sin decirla nada, que supiese todo lo que ya sentía por esos ojos verdes que me miraban, con tanta dulzura...
Los Domingos siempre te parecerán aburridos, para mi siempre lo eran. Hasta que uno llega y te cambia por completo los esquemas. El día treintaiuno de ese mes, cuando ya era de noche, la tenia delante mía, por fin tenia la ocasión de cerrar aquel mal trago de no poder decir que era mía, aunque a día de hoy no se si algún día lo llego a ser. La tenia justo delante, y los nervios estaban haciendo fiesta en mi corazón pidiendo a gritos salir de ahí a golpes de martillo. Tenerla enfrente, con su pelo castaño, su sonrisa nerviosa y esos ojos... ¿Como no perderse en esos ojos? Pero era tan estúpido tan inocente que solo sabia decir una tontería tras otra. Pero siempre he sido decidido, muy poco romántico muchas veces.
- Tu me gustas y lo sabes. Yo te gusto, ¿verdad? - muy romántico yo.
- Si ...
- Pues entonces ya esta... ¿Quieres salir conmigo?
- Si...
- Espera... ¿En serio?
¿Ves pequeña? Era muy tonto. Pero no podía creer que por fin, después de todas esas noches colgado al teléfono escuchando su voz, de esas mañanas de nieve detrás de ella, de esos mensajes diciéndola que mas que quererla la amaba... No podía creerme que hubiese sido tan sencillo.
Un simple beso significo que todos los años de relaciones, engaños y frustraciones que había tenido. Pero aun se que solo aquel beso significo mas que todos los que vinieron después en los años siguientes, que ese fue el mas sincero, el mas inocente. Entre en casa a los cinco minutos, con el corazón aun desaforado dentro de mi, diciéndome que estaba loco. Y si, estaba loco, chiquilla, estaba muy loco por ella. Todos los días que vinieron después cada uno de esos dos años, fueron una continua guerra salvada a besos, un continuo camino de rosas con espinas. Pero desde el primer día que la mire a los ojos, y vi en ella ese universo en el que necesitaba perderme, la quise, y mas que quererla, la ame. Se me olvidaba, te estarás preguntando cual es su nombre, ya que piensas que todo esto es una historia de un libro de adolescentes sin uso de razón Se llamaba Rocio, como las pequeñas gotas de agua. Así entenderías que fue ella para mi, esas gotas diminutas que me dieron fuerza día a día durante todo ese tiempo de sequedad, como el oasis en mitad del desierto, ese pequeño detalle que se escondía en una chica de pelo castaño, sonrisa nerviosa y ojos verdes.
"Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise." Pablo Neruda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario