viernes, 25 de enero de 2013

Treintaiuno (III)


Podrás pensar que las relaciones cuando tienes quince años son fáciles  son como un juego, y en parte no te equivocaras. Cuando estaba con ella yo era tan tonto como cualquier niño pequeño, era un soñador. Pero la otra parte es la que quiero contarte, porque puede dolerte si te ocurre. Pequeña, las relaciones tienen esa parte en la que algo o alguien suele entrometerse, ponerse en tu contra y hacer todo mas difícil  Yo tuve la "suerte" de que las figuras que se pusieron fueron sus padres. Te podrían decir mil motivos por los cuales yo no era de su agrado, te podre decir que era por mi forma de ser, por como vestía  por como miraba a la gente y hasta cosas absurdas como que su rechazo hacia mi era por de donde venia, y es cierto si te digo que yo alimente muchos de esos bulos, pero creo que de verdad el equivocado era yo, quien sabe...
Yo siempre me lo tome como una prueba, como una batalla día a día para que ella viese que de verdad la quería  No valore y no he terminado de valorar aun el esfuerzo que ella hacia cada noche al llegar a casa y tener que ocultar que estuvo a mi lado, pero la miraría y le daría las gracias, porque es mucho mas duro de lo que yo vivía.
Podrás pensar que una relación  corazón  de quince años, con los padres de ella en contra, esta abogada al mas absoluto fracaso, y no te equivocas, pero luchamos, luchamos mas que nadie por lo que queríamos en ese momento. Mantener la relación a escondida es muy duro, es algo que cansa y agota mucho una relación  pero que te une mas a esa persona. Teníamos que separarnos cada vez que ellos pasaban, teníamos que soltarnos las manos, hasta dejar de mirarnos cada vez que ellos pasaban. Ella se resignaba, mas por su seguridad que por la mía, y yo... yo lo aceptaba porque la amaba y un obstáculo así no es completamente insalvable, o eso creía yo... Pero esa guerra al final la perdí...
Pero podíamos  y pudimos aguantar, sentados en aquellas escaleras encima de Zarochi, como un par de tontos contándonos cada día lo que nos había pasado. Te confieso que yo no solía hablar, la miraba, me quedaba prendado en ella, me encantaba escucharla, ver como se reía sola, darla un beso de vez en cuando y decirle un "te amo" que cortase alguna de sus muchas frases. Pensaras que yo era entonces un soso, un simple enamorado callado y vergonzoso... pero el amor le pone alas hasta un cerdo, te hace pensar en mil ideas, mil planes para hacer con esa persona, para pasar juntos un rato, para sorprenderla...
Yo era muy patoso al principio, pero ahí me tenias, una semana antes de su cumpleaños ya, escribiéndola un cuento, un cuento que narrara los pocos meses que teníamos juntos, un pequeño libro en el que ir escribiendo los relatos de las aventuras tontas que habíamos vivido juntos, de los momentos a solas que habíamos compartido. Fueron horas y horas en clase escribiendo, mis compañeros al rededor leyendo cada frase que ponía  Darle ese cuento a nuestra amiga Carla para que le pusiera el color que yo no sabia darle, para que le diera esa nota alegre que a Rocio le gustaba, fue un completo acierto. Y llega el Viernes, después de la larga semana sin verla y nervioso por el Jesús verías a un crío comprando flores junto con sus amigos Carlos y Manuel... Había que engalanar el regalo un poco mas, había que darle un toque sutil que hiciera ya su cumpleaños algo bonito.
La estaba esperando, flores en mano, mochila en la espalda con el cuento dentro y mi sonrisa mas vergonzosa, mis nervios a flor de piel, valga la redundancia y mis ganas de verla.

- Tu dile que estoy aquí esperándola... - A ver si te piensas, pequeña, que yo iba a pasearme como en una boda con el ramo por toda la plaza.

Quieto, ella se acercaba mirándome y riéndose  roja, nerviosa, sabiendo que no era algo normal lo que estaba pasando, al menos, algo que la hubiese pasado hasta ese momento. Muy emocionante todo y como no, yo muy sutil a la hora de darle una sorpresa, igual que cuando le pedí salir, mi profunda y extensa labia no tardo en hacerse patente...

- Feliz cumpleaños, princesa - saludo de rigor en aquel día  beso de saludo, como siempre, nada iba mal, salvo mis nervios, que estaban haciendo que las flores estuviesen ya regadas con el sudor de mis manos.

- Gracias! - Tan dulce ella, me dio un abrazo y un beso de mas.

- A ver... Elige A - el libro - o B - las flores - Y sera lo primero que te voy a dar de tu regalo.

- No me tenias que haber regalado nada idiota - típico en todas las mujeres...- pero bueno, la A.

Ahí que me siento en una piedra, manteniendo mi mano con las flores en la espalda. Era complicado el abrir una mochila con una sola mano y sacar el libro.
Se lo di... Un pequeño diario de tapas de cuero negra, con hojas de cuadros, perfectamente mal escrito con mi letra, con los capítulos correspondientes a lo que llevábamos, solo cuatro, claro.

- Esto es un cuento, que no lo vas a leer ahora, pero que es sobre nosotros... Lo he escrito yo.

- ¿En serio?

- No, en realidad es broma, lo he comprado por Internet... Si, claro que en serio.

- Dios eres un imbécil .. pf dios que gilipollas eres en serio... - Aunque no lo parezca, estaba roja, muy nerviosa y con una sonrisa preciosa en la cara. Los insultos eran su forma de decirme "gracias cariño, me encanta, etc, etc, etc... "

- Vale y ahora esto...

Saque el pequeño ramo de flores de detrás de mi, dándoselo  mas nervioso yo que ella. Y fue ese brillo, esa pequeña chispa que se encendió en ese momento, la que me hizo quererla mucho mas. Estaba tan ilusionada, tan colorada de la vergüenza  con una cara de sorpresa mezclada con una sonrisa confusa, sin terminar de creerse que muchas de las cosas que ella había visto en otras personas, en películas americanas, le estuviese ocurriendo.

- Eres tan....

Y se me abalanzo al cuello, sin poder mirarme a la cara, abrazándome.

Todo lo que vino después fue mi cara avergonzada toda la tarde, ella con el ramo de flores mas feliz que nadie aquel día  con su cuento en la mano. Tan mona ella, tan ilusionada. No se por cuantas manos paso el dichoso cuento. Manu, Javi, Claudia y Lucia sentados en un banco leyéndolo  Carla diciendo que ella ya le había echado un vistazo cuando lo pinto y que le parecía increíble. No se, perdí la noción del tiempo. Y ya la gota que para mi colmo el día fue verla correr hacia sus padres, con el ramo en la mano, diciéndoles que se lo había regalado "un admirador"... ¿Divertido verdad, pequeña? Yo estaba loco de amor por ella, ella estaba muy loca para querer a un chico como yo, pero digamos que después de eso nuestra relación no volvió a ser tan "de críos".

"Parece que los ojos se te hubiesen volado, y que un beso te cerrara la boca" Pablo Neruda.

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