sábado, 2 de febrero de 2013

Treintaiuno (VII)


En todo el año que te he contado ya, podrás sacar varias ideas de porque no funciono. La llama no se apagaba, cada día juntos hacia que se avivara mas, pero después de tantas peleas, de tantas discusiones, lo que se apagan son las ganas.
Ya te dije que ella luchaba, todos los días  en casa, contra ellos, sus padres. Yo mientras tenia que bajar la mirada al verles pasar, resignandome a que yo no era el indicado para su hija, según ellos.
Las cosas no habían empezado bien, poco después, mi abuelo falleció  yo no estaba bien, y jamas lo he estado desde aquel día  El único apoyo que tenia era ella, Rocio. La única con la que podía tranquilamente, y sin llorar, serenarme, y echarle de menos.
Después de todo lo que paso antes de nuestro aniversario, después de volver a llevar la relación a escondidas, te dije que yo no era un luchador, que yo no podía partirme el pecho con el, por ella, porque Rocio no merecía estar peor con las personas que de verdad, mas la amaban. Era un Martes, si mal no recuerdo, unos días después del 31, cuando decidí actuar. Estaba en casa cuando le llame la primera vez, por la mañana, evitando así que Rocio supiera nada, que ella no interviniese en todo eso, que fuera entre su padre y yo. Me arme de mucho valor, pero el amor que sentía hacia ella me empujaba mas que cualquier otra cosa, las ganas de intentar salvar lo nuestro con ellos, y no tener que vivir escondidos.

- Buenos días ¿Pepe?.

- Buenos idas. Si, soy yo. ¿Quien es?

- Soy Zapata...

- Ah hola Zapata... Si, dime.

- Me gustaría hablar con usted.

- Pues... Si, no se, no habría problema. A ver, dime...

- Si puede ser a la cara...Cuando usted pueda.

- Vale, vale. Pues yo luego te llamo.

- Muchas gracias.

- Nada. Hasta luego.

Simple, corto, y conciso era el. Pero le había sorprendido, era lógico que no esperaba que le llamase y menos para eso. Pero ya estaba hecho, solo tenia que recibir su llamada. Todo el día de un lado a otro, nervioso, mirando el móvil  esperando que no se me apagara ni le pasara nada. Y justo a las 7, cuando estaba en clase, a punto de salir, me llamo. La primera no pude contestar, y ya me puse mas nervioso. ¿Que pensaría de mi? ¿Que me estoy riendo de el? Bueno... le llame yo, no podía esperar a que me volviese a llamar, porque se que nunca lo haría otra vez.

- Si buenas, perdone, es que estaba en clase y no podía contestar.

- No pasa nada. Que... ¿Mañana por la tarde puedes?

- Si, perfecto.

- Bueno, pues mañana a las 5.30 en Zarochi nos vemos.

- Vale muchísimas gracias, hasta luego.

Te podrías imaginar como estuve yo todo el Miércoles hasta la hora, nervioso. Rocio se entero la noche anterior, su padre se lo había dicho, como esperaba. Creo que ella estaba mucho mas nerviosa que yo, no se imaginaba que su novio y su padre, que no se llevaban bien precisamente, fueran a quedar para hablar sobre ella. Era todo tan surrealista la verdad, pero era mi forma de demostrarle, una vez mas, que por ella haría lo que fuera, por tenerla conmigo. Solo quería pedirle una oportunidad a su padre, solo quería que viese que yo no intentaba hacer daño a su hija.  Pero bueno, todavía tenia esperanzas, que poco a poco aumentaban conforme llegaba la hora.
"5.30 en Zarochi. 5.30 en Zarochi. 5.30 en Zarochi...No llegues tarde, Joseda, no llegues tarde o te mata".
Fue una de las pocas veces que tarde mas de media hora en encontrar algo medianamente "decente" en mi armario. Otro tanto tiempo en arreglarme, parecer lo mas formal posible, lo mas serio. Incluso llevaba los pantalones por donde, dicen, es lo correcto. Y claro, mis nervios, esos que me hacían ir temblando cuando subía la calle, hasta el cruce de Zarochi. Y ahí que salia el. Creo que jamas le había visto tan alto, y tan ancho. Tenia hasta miedo, si te soy sincero, pero en la vida, si no le echas huevos, no consigues nada.

- Hola buenas - Mi mejor sonrisa, y mi mano, firme esperando la suya.

- Buenas tardes.

Me estrecho la mano. Mas grande y fuerte de lo que esperaba... ¿O serian mis propios nervios que exageraban todo?

- ¿Todo bien?

- Si si, gracias. ¿Usted bien?

- Si, he dejado a Rocio en casa estudiando - Como comprenderás  Rocio falto a clase por "estar enferma"... Pero vamos, no se lo creía nadie. Ni el, ni yo, ni su madre y ni ella, nadie.

- Ah vale, que... a ver yo solo quería hablarle de todo lo que ha pasado. Yo no quiero que se lleve una mala impresión mía, ni mucho menos. Pero lo que tampoco quiero es perder a Rocio...

- A ver, Zapata, yo contigo no tengo ningún problema, ya te lo dije. A mi hablar mas del tema me resulta absurdo, Rocio tiene 14, casi 15 años, y no esta para tener novio. Ha suspendido 4 y eso le pasa por distraerse. A mi mas que a nadie me duele castigar a mi hija y verla en casa los fines de semana, pero tiene que centrarse, y ahora mismo no lo esta. Como amigos, yo no puedo ni tendré ninguna sola queja, es mas, si quedáis los dos para ir a algún lado, os llevo yo si queréis  pero como amigos. Y en vez de estar sentados los dos en un banco, que estáis con todos, como amigos.

- Entiendo...

- Así que yo confió en tu palabra, y ella me ha dado la suya de que no seréis nada mas que eso. Yo lo siento si os molesto, pero como padre tengo que mirar por el bien de Rocio.

- Si si, le entiendo perfectamente...

Fracase, estuvimos poco mas de una hora hablando, redundando siempre en el mismo tema. Pero fracase. Lo que mas me dolió de todo, fue entrar en su casa, ver a Rocio al fondo de la habitación  y tener que sonreirle "como un amigo". Tener que mirarle a los ojos "como amigo" y no poder darle un beso. Tener que decirle con mis mejores palabras, susurrandola en su habitación que había fracasado, que no podíamos hacer nada. Tener que decirla que para el, solo seremos amigos, y que le di mi palabra, porque no tenia mas salida. Fue uno de los peores momentos, el verla resignada, aceptando que lo nuestro iba a ser un completo fracaso. Que todos los días discutiendo, el desgaste de tener que ocultar la relación, hacia mella en nosotros.

- Si quieres dejarlo Rocio, no pasa nada. Te entiendo perfectamente...

- No seas idiota, que no va a pasar nada, de verdad....

Y nos engañamos al pensar eso. Pero la quería. Y que quieres que te diga, la pizca de riesgo de despedirme dándole un beso en la boca, en la puerta de su casa, mientras su padre estaba sentado en el sofá viendo la tele, me animo un poco, de pensar de que quizás  solo quizás  pudiésemos salir adelante, si luchábamos juntos, siempre juntos. Solos ella y yo, contra todos. La amaba tanto...

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