martes, 27 de noviembre de 2012
Solo quería un té (II).
Habían pasado cuatro meses. No la había encontrado ni el Miércoles aquel, ni todos los Martes de las semanas siguientes. Era como si hubiese desaparecido de la ciudad. Chicago se la había tragado. ¿Y que coño hace un chico de 18 años cuando pierde al amor de su vida? Exacto, se busca a la opción mas fácil esa chica que estuvo tras tuya durante tanto tiempo y que con chasquear los dedos, sabes que estará ahí. Es triste, lo se, a nadie nos gusta que nos utilicen, pero cuando de verdad has querido a una persona y esta se va, no dudas en dañar a terceros para sanarte tu. Regla de oro amigos, si una persona que ha estado obviandote durante días, semanas o meses, de repente llama a tu puerta, es que la han abandonado.
Mi nueva novia en concreto se llamaba Valentine. Era el típico patito feo, de el pelo rizado, color pajizo, unos ojos verdes esmeralda, preciosos, todo hay que decirlo. Era un cielo, y en esos últimos cuatro meses me había conseguido tapar el agujero de Michelle. Yo seguía trabajando en el mismo café de Martin, en St. Lawrence. La misma gente, el mismo jefe, las mismas propinas, la misma mierda...
Valentine venia a verme cada martes al salir de su trabajo, que irónica es la puta vida. Yo hacia feliz a mi chica, ella hacia que yo no estuviese mal, en fin... mi vida funcionaba. La primavera estaba ya a la vuelta de la esquina, golpeándome con la maldita alergia. Y como no, la vida no deja de traerte sorpresas nunca.
El martes 20 de Marzo estaba sentado en la mesa mas alejada, junto a la ventana, con Valentine. Estábamos compartiendo nuestras anécdotas de como nos había ido el día, alguna risa se nos perdía y yo lo veía en ella, que estaba enamorada de mi. Me sentía como un hijo de puta cuando veía eso en sus ojos, pero siempre me consolaba pensando que quizás con el tiempo la llegaría a amar tanto como ella a mi. Que iluso soy, coño.
Estaba ella hablando, contándome una historia de un tal George de su trabajo que le había propuesto una cita, cuando sonó la campanilla del café, esa maldita campanilla.
Gire un poco la cabeza y vi una pareja entrando. El, un rubio, alto, lleno de horas y horas de gimnasio, con un aire muy ingles. Y ella tenia la cara medio tapada con la bufanda, pero tenia esos ojos azules oscuros, como un océano basto ante ti. Había soñado tantos días con esos ojos, que los reconocería entre cualquier multitud.
- Kevin ¿me estas escuchando? - Me habría quedado con tal cara de idiota, que claramente Valentine se dio cuenta de que no le estaba prestando atención.- Si quieres paro de hablar, se te ve muy... interesado en otras cosas.
- No no, lo siento Val, sigue... Estaba pendiente a ver si Martin sirve a los que han entrado, o tengo que ir yo. - Excusas baratas, soy experto.
Por lo general, Martin tenia la radio puesta en la emisora latina, el decía que le daba mas ambiente al café Sonaba una canción en castellano. La había escuchado mas veces, y no precisamente era la mas idónea para el momento. Los compases de "tarde" iban poniéndome cada vez mas nervioso al ver que Martin no atendía a la pareja. Tendría que ir yo.
- Discúlpame un momento cielo, voy a hacer mi trabajo... - Maldito Martin - Enseguida vuelvo.
"Justamente ahora, irrumpes en mi vida, con tu cuerpo exacto, y ojos de asesina...." Y maldita canción. Me la había aprendido. Pese a que mi nivel de castellano era lo mas llano posible. Uno, dos y tres pasos, voy con la libreta preparada, y llego a la mesa de la pareja.
- Hola, buenas tardes. ¿Que desean tomar? - Evitaba mirar a la joven, tenia miedo de verla de frente, de temer que de verdad fuera ella.
- Pues yo quiero... - el chico miraba la carta buscando y buscando, y joder, que lento buscaba. Por cierto, si, era ingles, afeminado, muy afeminado. - un café solo, por favor. ¿Y tu cariño, que quieres?
"Tu ibas con el, yo iba con ella, jugando a ser felices por desesperados..." cantaban a dúo los artistas.
- Yo... yo solo quiero un te.
Esa voz... Te lo podrás imaginar, si, era ella. Era Michelle, otra vez, después de cuatro meses, volvía un Martes. No podía ser casualidad, Había mas de mil cafés en todo Chicago, y ella estaba ahí, sentada con ese... sucedáneo de hombre. La mire, pero ella bajo la cabeza, evitando que nuestras miradas se encontrasen. Sentía que poco a poco algo se me iba rompiendo por dentro.
- Si... En seguida se lo traigo. - Puse todo mi orgullo en mis cuerdas vocales, intentado parecer yo el que hubiese olvidado su rostro y su voz, sus ojos...
"Tanto soñarte y extrañarte sin tenerte, tanto inventarte, tanto buscarte por las calles como loca, sin encontrarte" Joder Martin no podía apagar la puta radio no, tenia que sonar su jodido ambiente en ese momento.
Me fui directo a la barra, sin girar la cabeza, ni a la pareja, ni a Val, que sabia que me estaba mirando. Joder, soy mas transparente que el agua, y sabia que apenas me sentara con ella me preguntaría porque había reaccionado así. Adiós fachada, un beso de mis partes...
Empece a preparar el café con muchas ganas para el afeminado, y el te. Coloque la servilleta como siempre se la colocaba, tapando las frases que nos escribíamos Pero en esta servilleta no había frase, bueno si, una " Café Martin ", todo romanticismo.
" Y ahí va uno de tonto, por desesperado, confundiendo amor con compañía .." Iba a romper la puta radio en cuanto nadie mirase.
Venga, otra vez. Uno, dos y tres pasos... El mismo camino de siempre, la misma tortura, pero esta vez terminada en un fondo con la bandera del Reino Unido. Me planto junto a la mesa, y les sirvo su café y su te a cada uno. Sin mirarla, sin hablar. Da igual que no dejen propina, por 2 dolares no me voy a comprar una mansión en Miami Beach.
"Ganas de huir, de no verte ni la sombra, de pensar si esto fue un sueño, o una pesadilla, que nunca apareciste...". Primera frase que de verdad valía la pena de toda la canción Una sonrisa pasa por mi rostro, mirando a Val, para calmarla, para que dejara de mirarme con esa cara de suspicacia.
Pasado un buen rato, Val termina sus historias, y me dice que se tiene que marchar. No pasa nada, así podre descansar un poco de sus cuentos. Me dolía muchísimo la cabeza. Y si, la radio no volvió a sonar mas en toda la tarde, me asegure personalmente de ello. Pero Michelle seguía allí. De vez en cuando notaba que me miraba. Sentía sus ojos azules clavados en mi nuca, mirando a la barra. Pero solo le escuchaba a el, por encima de el resto, con ese acento remilgado. Todos los del Reino Unido me parecían unos mariquitas la verdad. Entonces el levanta, y se va al servicio.
- ¿Puedes recoger lo de la mesa, por favor? Y llévanos unas galletas. - Hostias de Iglesia, eso es lo que le iba a poner en el plato. Le veo cerrar la puerta del pasillo de los servicios. Yo tenia que hacer mi trabajo, ya que Martin no movía ni un dedo.
Mismo camino, mismo todo.... no te lo repetiré ochenta veces. Cuando empiezo a recoger las cosas, noto su mano sobre la mía Me esta mirando, me esta agarrando la mano. La miro, y veo una lagrima solitaria recorriendo su rostro, hasta caer sobre la mesa, perdiéndose en el mantel. Me quede paralizado, no sabia que hacer. Por Dios, había pasado cuatro meses buscándola había soñado con esos ojos, había visto esa sonrisa en mil mujeres. Estaba jugando con otra persona por ella. Y ahora la tenia ahí, cogiéndome de la mano, llorándome .. "¿Porque tuviste que escribirle aquella nota, payaso?" es todo lo que pienso. Joder, se que la quiero aun pero que hago... ¿dejo todo, dejo a Val por ella? ¿Y su inglés? Volvería dentro de nada y vería al camarero cogido de la mano con su chica. Debía de pensar rápido. Pero estaba bloqueado.
- Te quiero....
Su voz salio susurrándome dos palabras, dos putas palabras que cambiaron todo mi mundo. Yo también la quería la había querido desde el momento que entro con sus amigas hace mas de un año. La había querido durante todos los días que nos escribíamos por simples servilletas. La quería tanto que necesite jugar con otra para olvidara. La reconocí apenas entro con el, después de cuatro meses.
Me moría de ganas de acercarme a ella y golpearla con un beso, de llevármela de allí de irnos, sin dañar a nadie. Sin dañar a terceros. Sentía que la necesitaba pero no podía moverme. El miedo a que se marchase, a que solo hubiese sido eso, un sueño o una pesadilla (maldita canción) y que me despertase, sin ella, otra vez.
La levante de la silla. Después de mas de un año queriéndola necesitandola, la tenia delante mía Se que esto suena de película pero era como si el jodido tiempo se hubiese detenido. Sabia que en el pasillo de los servicios estaba el mirando, sabia que Martin estaba sonriendo en la barra, sabia que eramos el centro de todas las miradas, pero me daba igual. La abrace con todas mis fuerzas, evitando que se evaporara o algo por el estilo. Ella me correspondía Era tan feliz... Le aparte un mechón de pelo su negro pelo de la cara y la mire a los ojos, a su oscuro mar, y le repetí lo mismo que el día que la conocí hace mas de un año, cuando ella era una chiquilla que había salido del colegio con sus amigas, no se que ángel o demonio me ilumino, pero solo fui capaz de decirla "¿Donde te habías metido todo este tiempo, chica de mis sueños?"... Y la bese.
Enamorarse duele, y cuando crees que no te va a doler, te vas a dar de bruces contra el muro, y vas a notar que sangras por la nariz del golpe. Enamorarse duele, y si, a veces hay finales felices, porque no, coño. No todo el amor se lo ha quedado el cine. Duele cuando esa persona se va, duele cuando regresa, cuando ya te hiciste a la idea de que la perdiste, pero en toda oscuridad hay una luz. Y ella ha sido desde ese 20 de Marzo mi luz. Hoy después de mas de 10 años, tirado en esta cama, la tengo aquí al lado mio, durmiendo, tan dulce como la chiquilla que conocí con bufanda y gorro. No me queda mucho tiempo, pronto se despertara, me mirara con sus ojos azules, con su pelo negro despeinado. El día que leas esto, seas quien seas, recuerdalo, el amor duele... pero merece la pena.
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