viernes, 23 de noviembre de 2012

Solo quería un té.


¿Si tuvieras que contar la primera vez que te enamoraste, como empezarías?
Muchas veces el amor duele, y otras muchas, duele incluso mas de lo que no nos quieren vender las películas de Hollywood. Te preguntaras quien soy yo, para decirte todo esto, si ni me conoces ¿verdad?. Me llamo Kevin, un tipo cualquiera, uno mas en esta ciudad. Soy de Chicago, nací y crecí entre todas las ratas de esta ciudad. Que bello es el sueño americano, cuando no eres de América... Y no es mentira.
Chicago encarna lo peor y lo mejor de mi vida, desde mis años en el Colegio St. James y la universidad Roosvelt, hasta ahora. Con 30 años no he conseguido nada en mi vida. Soy escritor, actor y hasta camarero fracasado. Pero si te escribo esto es para contarte el mejor error de mi vida, enamorarme.
Todos lo pintan como si fuese lo mas bonito del mundo, yo lo pienso como la efervescencia hormonal adolescente. Si, muy bien, ya acabamos de desvelar el primer detalle, era un adolescente alocado de 18 años. Ella tenia 16 años cuando la conocí. Tarde dos años en poder atreverme a decirle que la quería ¿absurdo verdad? Lo se, no contestes.
Bueno.... Yo trabajaba en el café de Martin, en St. Lawrence, cerca de mi casa. Estaba como un camarero mas, viendo pasar el tiempo entre mujeres y hombres que se dejaban la calderilla por propina. Tenia el gran sueño de llegar a ser actor de teatro, triunfar por todo el país como uno de los divos que salían por la tele. Os lo he dicho "joven alocado" ¿Que esperabais un cuento de amor y superación perdidos en la luna de París  Mejor continuo...
Había estado varios años estudiando artes escénicas  había sacado con buenas notas todos mis cursos y era el mejor ejemplo de "alumno modelo". Pero todo eso no sirve en la calle. Llena de cazatalentos y de tipos que si no reciben un beso en sus nalgas apretadas en un traje de Armani, jamas te darán un papel ni para limpiarte. Que día fue el que la conocí, que bendito día se presento en el café...
Sonó la campanilla, y un grupo de chicas entro por la puerta, cubiertas por sus bufandas y  sus gorros de lana al mas puro estilo de Nueva York, resguardándose del frió de otoño que se empezaba a colar en la ciudad todas ataviadas con su mochila. No tendrían mas de 18 años, ni si quiera rozarían esa edad mas de una. Nada especial, un grupo de chicas que vienen a tomar algo después de clases. Solían venir muchos grupos así.
Podría explicarte como era cada una, pero tardaría una eternidad, y no me queda mucho tiempo.
Me acerque a la mesa para tomarles nota, como un buen camarero, claramente.

- Hola, bienvenidas ¿Que van a tomar?

Me miran de arriba abajo todas, o casi todas... Muy típico.

- Pues yo quiero un chocolate caliente - me dijo la rubia de la esquina con sequedad - ¿vosotras chicas?
- Yo y Halle queremos otro.
- Pues son 3 chocolates.... ¿Tu que quieres Michelle?

Justo en ese momento, giro la cabeza, atento a las peticiones de la ultima del grupo, la mas rezagada. Ojos azules, oscuros, como si fueran un océano  El pelo negro le caía por los hombros, largo y liso, haciendo que el tono de su piel blanca se notase mas aun. Había algo en ella que me dejo embobado.

- ¿Oye, escuchas? Tres chocolates y un te... - Me mira divertida la chica rubia, a la vez que sus otras dos amigas se ríen de mi. Mi cara debió de ser estúpida para dar esa reacción en ella. En cambio, la otra estaba roja, intentando reir como sus amigas sin esconder su vergüenza.

- Si si, en seguida se lo traigo.

Me marche todo lo rápido que pude de ahí. Que estúpido era... Pero esa chica, esa en concreto, me había dejado como un completo imbécil delante de sus amigas, y sin siquiera hablar. Tenia tantas ganas de conocerla...
Prepare los chocolates, escuchando los murmullos y las risas del grupo de adolescentes tras mía, sabiendo que algún comentario o mirada llevaban mi nombre. Y una idea alocada, típicas de la edad, ya sabes, me cruzo la mente... "Venga, anímate campeón, si total, no la veras mas en tu vida".
Cogí la servilleta que iba con su te, y con el boli puse, quizás  la mayor idiotez que se me pudo ocurrir en el momento: "¿Donde te habías metido todo este tiempo, chica de mis sueños?". Lo se, soy empalagoso, pero que quieres que te diga, soy de los románticos que piensa que la cartera no conquista a una mujer.
Coloque perfectamente el plato, la taza y la servilleta, para que solo ella lo pudiese ver cuando levantase la taza. La suerte estaba echada, solo quedaba el corto camino de la barra a la mesa donde ellas estaban sentadas.
Un paso, otro paso, y otro... ¿De verdad era tan corto el camino? Sentía que me iba a caer. Que ridículo y bonito seria todo. Yo volando con tres chocolates y un te por los aires del café  y ellas riéndose de mi con todo el establecimiento.

- Aquí tienen señoritas. - Coloque mi mejor sonrisa, y con toda tranquilidad fui colocando cada taza en el sitio de su respectiva dueña.

Me fui rápido a la barra, sin mirar si ella ya lo habría visto. Empiezo a preparar un café para un tipo sentado en la barra, de espaldas a ellas. Ni una sola risa, la cosa iba bien. Minutos eternos de silencio en los que solo hablaban de lo que había pasado en su instituto. Los nervios me estaban matando completamente. Pasado una media hora, ella no había dado ninguna señal de haber visto nada. Pase como quien no quería por al lado suya y recogiendo las tazas usadas de dos de sus amigas, vi que la servilleta no estaba. Pero ella no me miraba. No entendía nada. Había hecho el ridículo  seguro. Al salir seguro que se lo contaría a sus amigas. Que vergüenza...
Unos diez minutos después  se levantaron y se marcharon, dejando un par de dolares de propina. Apesumbrado, voy a recoger los restos que habían dejado. Tras recoger todo, mientras tiraba en la basura todo, iba pensando como podía ser tan estúpido  Juro que si hubiese sabido lo que aquel simple mensaje, ese martes, me hubiese quedado quieto, hubiese cambiado de trabajo y de ciudad si hiciese falta.

Paso una semana, cada día era una oda a la rutina, un canto al tedio y el abandono de la diversión  Al martes siguiente, mientras limpiaba la barra. suena de nuevo la campanilla de la puerta. Me giro un poco, no vaya a ser que me fuesen a atracar y me pillen de espaldas, para nada, para nada. Una chica vestida con un sencillo gorro, una bufanda negra, entra, una chaqueta medio abierta, con los libros en la mano. Una mas de todas las chicas que salen del colegio, nada nuevo.
Voy a por mi libreta y voy a tomarle nota.
Y si, era ella, esta vez sola... Su pelo negro, su flequillo tapándole un poco los ojos color azul oscuro, como el mar, si... Otra vez ella. Me sonríe, algo avergonzada.

- Ho...hola - Este soy yo, entrecortado, haciendo el payaso, delante de una chica - ¿pe tieres cara bomar?
- ¿Que? ¿Perdona? - me dice con una sonrisa, riéndose de mi, claramente...
- Perdona... que... ¿que quieres tomar? - Venga, a la decimotercera va la vencida.
- Un te, por favor.
- En seguida - Mi mejor sonrisa no hacia mas que ponerme nervioso si cabe.

Se paso ahí toda la tarde, yo evite enviarle ningún mensaje, y claramente no podía pararme a hablar con ella con mi jefe mirándome  Cuando se levanta, me mira y sonríe  con la mano se despide de mi. Era preciosa joder, era tan preciosa... Y yo un imbécil  gracias por pensarlo. Me fui a recoger sus cosas, algo triste la verdad. La taza, el plato la servilleta...
Cuando fue a tirarla a la basura, vi algo azul que me hizo fijarme un poco mas: "Me llamo Michelle, y no soy un sueño"

Todos los martes, todos y todos los martes, repito, todos... estaba ella ahí  en la misma mesa, en el mismo lugar, a la misma hora.
Durante muchos meses nos intercambiamos mensajes graciosos, hablando una frase por martes cada uno. Era todo tan romántico que hasta me sentía estúpido por no atreverme a pedirle ni su numero, ni una cita. Pero cada martes, cada frase, la guardaba como el oro. Aunque parezca triste, e increíble  así paso un año entero. Yo enamorándome de ella, ella viniendo cada martes de cada semana a escribirse frases conmigo, a veces románticas a veces un simple: "Cuéntame que tal te ira esta semana".

Todo era tan bonito, íbamos a cumplir nuestro primer aniversario y no nos habíamos visto fuera del café ni un solo día  Estaba pletórico  Pero como os lo he dicho al principio, el amor duele, duele mucho, y si crees que no duele, es porque te va a doler mas aun, por idiota.
El martes 20 de Noviembre se fue la magia, bueno, la magia y ella. Juro que ese día por fin la iba a decir algo, juro que por fin la iba a decir que la quería, que cada martes era lo único que salvaba mi rutina, lo juro pero...
De la noche a la mañana, de martes a martes, adiós  No apareció mas. Mi chica morena, de ojos azules, de voz dulce, de letra curva. Maldita sea... ¿Y ahora que? El Miércoles me lo pedí libre, necesitaba buscarla. Algo sabia de ella por todas las cosas que compartimos, si, si, que compartimos, por frases... Necesitaba encontrarla. La quería coño, la quería...

¿Pero quien me iba a preparar para todo lo que venia cuando por fin la encontré ... Enamorarse duele, pero es lo mejor que te puede pasar en la vida. Pero doler duele...

[continuará] 

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