sábado, 10 de noviembre de 2012

Atardecer en Venecia.

Como cada tarde de las ultimas dos semanas en Giardino, Clara y Diego se entretenían en conocer a fondo los sitios del parque. Cogidos de la mano iban sin rumbo por todas las callejuelas próximas al lugar, buscando nuevos sitios donde poder ver la puesta de sol. Habían llegado a Venecia para volver a conocer otra vez juntos cada rincón de la ciudad, pero el recuerdo de su primer encuentro en aquel parque que les hacia ir todas las tardes a pasear, juntos, con la esperanza de ver el atardecer de nuevo como aquel día. 

Aquel día, hace mas de dos años, al comienzo de la Primavera... Una joven dibujaba sentada en uno de los bancos próximos al canal. Su aire melancólico, ojos color miel, tan dulces como su voz, su piel brillando por el suave resplandor del sol, el cabello oscuro calándole liso por su hombro derecho, dejando pasar el viento por su cuello. La mirada fija en su pequeño cuaderno, su mano decidida dibujando los trazos de uno mas de la infinidad de retratos de los canales de la ciudad. Hacia semanas que se había instalado con sus tíos allí, durante un par de meses, buscando escapar de Madrid. A veces lo extrañaba, pero como cada mañana , al ver el tranquilo movimiento del agua por entre los edificios, las góndolas paseando enamorados y turistas, el aroma de la antigua Italia, le hacia pensar que algún día volvería, pero ese día no estaba cerca. 
Mientras caminaba por Fondamenta, veía el suave movimiento de las hojas del parque. Un ruido de un niño llorando le llega de pronto a sus oídos. Allí, sentado en el suelo, un pequeño miraba perdido a todos lados, gritando en busca de alguien. Clara se acerca al muchacho.

- ¿Te has perdido pequeño? 
El niño asustado mira a Clara, y receloso baja la mirada, sin contestarla, avergonzado. 
- No te preocupes, confía en mi. Solo quiero ayudarte.- Clara esboza una sonrisa en su bello rostro - ¿A quien buscas?
- A mi hermano mayor... - soltó titubeando.
- Bueno, ven, vamos juntos a buscarle. ¿Como te llamas?
- Mario...- mascullo el chico entre susurros.
- ¿Y tu hermano? 
- Diego... se llama Diego.
- ¡MARIO! - aparece un joven corriendo hacia ellos - ¡TU, SUELTA A MI HERMANO!

Clara asustada suelta la mano del niño. Su mochila cae al suelo, dejando sus cuadernos y lapiceros tirados por el suelo. 

- ¿Mario estas bien? ¿Donde te habías metido? 
- Estaba esperándote, y ella me estaba ayudando...
- ¿Quien es ella? 
- Me llamo Clara, y podrías ser un poco mas...educado, solo estaba ayudando a tu hermano. Siento haberte molestado...
- No no, lo siento... Dios, Mario me has asustado. Muchísimas gracias... Oh, espera, espera que te ayudo con...con eso. - Se agacha a recoger las notas de la chica - Estaba asustado, entiéndeme.
- No pasa nada.

En ese instante las miradas de los chicos se cruzan, y un rubor crece por el rostro de Clara. Era la primera vez que se fijaba en el chico, con el susto apenas se había parado a ello. Tenia el pelo rizado, corto, unos ojos oscuros, un rostro atractivo, tendría unos 18 años, pero Clara no podía dejar de mirar su sonrisa, de medio lado, dejando entre ver un par de dientes. 

- ¿Te ocurre algo? - pregunta el, riéndose por el rubor que cubrió el rostro de la chica. 
- No no, no pasa nada. Muchas gracias ya me voy. Un placer, cuida mas de tu hermano.

Clara coge su mochila, y decidida a irse rápido, avergonzada, se gira y empieza a caminar. Pero algo la detiene... La mano de el joven había sujetado la de ella, suave, pero decidido. 

- Creo que te debo algo por ayudar a mi hermano a encontrarme. 
- En serio, gracias...pero no.. no pasa nada.- Intenta zafarse de la mano del chico. 
- No aceptare un no. Ven, te daré un paseo por los canales, y te invito a comer.
- No... 
- Insisto. 
- ¿Pero y tu hermano? 
- ¡Ah! Mario... papa y mama están en el puerto, ve para allá y diles que yo...tengo asuntos urgentes. Os veo luego para la cena. 

El niño sale corriendo luego de las gracias a Clara y despedirse. 

- ¡Vamos, vas a conocer Venecia como jamas la habrías conocido!


El día pasaba, Clara y Diego iban por las callejuelas de la ciudad, conociendo lugares que Clara no había visto en todo el tiempo que llevaba en la ciudad. Preciosos jardines colocados sobre los canales, pequeños estanques donde estaba los patos... El amor de Clara por la ciudad crecía con cada nuevo sitio que el chico le iba presentando. Pero había algo de el que le hacia mas atrayente que la propia ciudad, su voz alegre, propia de los jóvenes italianos, su mirada, esos ojos de color marrón casi negro, tan oscuros, pero su sonrisa... Clara se habría pasado horas mirándole, y solo habría podido mirar esa sonrisa.
Diego la llevo a sitios escondidos, como la Pizzeria de Vitto. Un restaurante antiguo, escondido en la parte mas olvidada de la ciudad. 
La comida era deliciosa, el ambiente inmejorable. Clara no podía creer que un día normal, acabaría así.

- ¿Te gustaría ver el atardecer? En Giardino hay un lugar cerca de la costa, que se ve la entrada de Libertá. Es impresionante. ¿Te apetece?
- ¿No estarás intentando raptarme o algo así verdad? - Soltó la chica entre una media sonrisa y una cara seria.
- Quien sabe, si no te arriesgas jamas lo sabrás.

Camino a el parque, la tarde caía. Los colores de la ciudad se reavivaban por la noche, con las luces de los edificios reflejadas en el agua. El atardecer estaba próximo, y Carla estaba exhausta de el día entero. Necesitaba descansar.

- Es ahí delante, solo queda un poco. 

La alegría del chico era contagiosa. ¿Por que no paraba de mirarle? ¿por que siempre que el le cogía la mano ella no se la soltaba? Su piel cálida, morena, tan suave. Diego se sienta en el suelo, con los pies en el aire, mirando el horizonte, mientras la brisa movía sus rizos. Clara se sienta a su lado y mira hacia donde el la señala con la mirada.
Ante ella, vía Libertá, el puente de Venecia, el gran canal y mas allá, el mar. El sol bajando, dejando caer la noche lentamente. La mirada de Clara estaba perdida en aquella imagen, intentando quedarse con todos los detalles, con todos los puntos de su visión. Diego la miraba sonriente, sabiendo la cara de sorpresa de la chica. La toma de la mano, mientras se acerca a ella despacio. Clara lo nota, no hace ningún movimiento de rechazo. Siente que necesita algo. El lugar, el atardecer, la compañía. El panorama era sobrecogedor. Diego la mira ahora mas decidido.

- Disfruta, pequeña, no vas a ver un atardecer igual nunca mas. 
- ¿Por que? - pregunta ella, algo sorprendida. 
- Por que este sitio ya no estará. Sera imposible.
- Yo no quiero que esta sea la única vez. Esto es... tan hermoso.
- ¿Quieres volver a ver un atardecer así?
- Si... Claro que quiero. -musitando, Clara gira su mirada hacia el.
- Pues ven conmigo...
- ¿A donde?
- A buscar todos los días un atardecer como este. A buscar nuestro atardecer.

Diego la toma la cara con la mano, girándola, acercándose. Ella puede verle, nerviosa, percibir el aroma que desprende su piel. Ella no se percata de nada mas, que de el, su sonrisa acercándose cada vez mas, el rubor subiendo por su cara. El se planta justo delante suya, rozando sus labios con los suyos, y en un susurro la dice...

- Ven conmigo...

Clara cierra los ojos, siente el calor recorriéndole el cuerpo por toad la espalda. Siente sus finos labios, su mano acariciándola el pelo. Un momento increíble. Inimaginable, de película. Clara entiende todo lo que durante el día había estado necesitando, era eso, era a el.
En aquella tarde de Primavera, como si hubiese sido un día cualquiera, había encontrado lo que había buscado huyendo de Madrid. En los canales de Venecia, en el atardecer de Giardino.


Allí, parados uno frente al otro, Diego la mira como el primer día, hace dos años. A esos ojos color miel, vergonzosos. El sonríe, le encanta verla ruborizarse. La abraza por la cintura, con una mano, mientras con la otra mece suavemente el pelo negro de Clara. Se acerca despacio a ella, y en un susurro, rozando sus labios...

- Ven conmigo, siempre...
- No me separaría de ti nunca...- Contesta ella. 

Otro atardecer en Venecia, un día cualquiera. Arriesgando a perder, Clara y Diego ganaron lo que necesitaban. En otra tarde mas, en un día mas de primavera.


Gracias. C.

No hay comentarios:

Publicar un comentario